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BOLIVIA: PRESIDENTE EVO MORALES ES DESTITUIDO DE SU CARGO POR UN GOLPE DE ESTADO RESPALDADO POR EEUU

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Niall Mulholland.

Comite por una Internacional de los Trabajadores (CIT)

Un golpe de Estado de la derecha, respaldado por Estados Unidos, ha tenido lugar para derrocar al gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia y reemplazarlo con un agresivo régimen contra la clase trabajadora.
Evo Morales, el primer presidente indígena de Sudamérica, renunció este 11 de noviembre y se encuentra hoy en México, donde se le ha otorgado asilo político. Su partida se produjo después de que el jefe de las fuerzas armadas del país le presionara a renunciar citando «los intereses de la paz y la estabilidad». En una declaración televisada, Morales había denunciado anteriormente este «golpe» contra él y su gobierno del MAS.


Esto siguió a lo que fue, en efecto, un motín policial en varias partes del país el viernes 8 de noviembre, cuando agentes de la policía se negaron a abandonar sus cuarteles. Policías y cabos junto a militares se unieron a las protestas de la oposición.
Estaba claro que Morales había perdido el control de partes cruciales de la máquina estatal. Ya estaban comenzado a desarrollarse protestas antigubernamentales de carácter violento. Escandalosamente, la dirección del principal sindicato, Central Obrera Boliviana, también habría pedido que Morales se retirara para «evitar el derramamiento de sangre».

Protestas callejeras
El golpe provocó protestas callejeras en la capital, La Paz, y en El Alto. El ejército ya ha sido desplegado en las calles.
Todavía no está claro si estas protestas crecerán, se extenderán y actuarán como un serio desafío para el golpe de la derecha que hoy consolida su poder. En este momento crucial, la resistencia de las masas debería estar vinculada a una lucha revolucionaria contra la reacción capitalista, haciendo un llamado a la policía, cabos y soldados, y por un cambio socialista.
La oposición de la derecha utilizó el resultado de las elecciones presidenciales del 20 de octubre, que vieron a Morales asegurar un cuarto mandato, para organizar protestas callejeras.
Grabaciones de audio reveladas recientemente de las discusiones, antes de las elecciones, involucrando a políticos de la oposición boliviana y senadores estadounidenses, indicaron que estaban haciendo planes para organizar un caos político.


Morales fue reelegido en la primera vuelta con el 47.08% de los votos. Mesa obtuvo 36.5%. La oposición alegó fraude después de que la comisión electoral decidió congelar las actualizaciones del recuento electoral durante casi un día.
Cuando las actualizaciones fueron reanudadas, Morales había ganado su liderazgo, lo que le permitió mantener el cargo sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Los partidarios del MAS señalaron que las zonas rurales del país, que tarda más en contar los votos, siempre le han dado un gran apoyo a Morales.
Sin embargo, el 2016 vio a Morales intentar, fallidamente, cambiar la constitución del 2009 mediante un referéndum para poder postularse por un cuarto periodo, lo cual fue revocado por la corte suprema quien dictaminó que los límites del mandato infringían los derechos humanos, alimentado preocupaciones generalizadas sobre la votación del 20 de octubre.

OEA
Mientras los manifestantes antigubernamentales de varias partes de Bolivia se dirigían a La Paz, los días 2 y 3 de noviembre, la Organización de Estados Americanos (OEA), dominada por los Estados Unidos, alegaba «irregularidades» en las elecciones y exigía el recuento de los votos, además de una nueva votación. Esto fue un gran golpe para Morales, que había pedido a todas las partes que aguardaran y respetaran los hallazgos de la OEA (que la oposición había dicho que ignoraría si no seguían su camino).
Morales estuvo en el poder durante 14 años, ganando tres elecciones presidenciales a raíz de «casi reducir a la mitad las tasas de pobreza y cuadruplicar el producto interno bruto, debido a las exportaciones de gas y minerales», según el Financial Times. El acceso al aire y al agua limpios se convirtió en un derecho legal.
Las masas bolivianas lucharon durante mucho tiempo contra el neoliberalismo. Movimientos semi-insurreccionales, conocidos como las «Guerras del Gas», tuvieron lugar en 2003 y 2005.


Los manifestantes exigieron la expulsión de las corporaciones multinacionales de gas y minería, el fin del gran sistema de terratenientes y una asamblea constituyente revolucionaria.
Este movimiento militante vio una sucesión de presidentes neoliberales forzados a dejar el cargo y abrió el camino para que Morales y el gobierno del MAS llegaran al poder. Llevaron a cabo la nacionalización parcial de la industria del gas e introdujeron subsidios para programas sociales y personas de bajos recursos.
Esto permitió a Morales ganar victorias en las elecciones y el MAS para obtener el control de ambas ramas del Congreso.
Sin embargo, la vida de muchos trabajadores y personas de bajos recursos no mejoró de la manera fundamental que estos esperaban.
La inflación a menudo eliminó los subsidios para personas de bajos recursos y los aumentos salariales de los trabajadores. Los grandes terratenientes mantuvieron su monopolio sobre la tierra. Y las multinacionales, incluidas las compañías petroleras y mineras, continuaron obteniendo enormes ganancias.

Reformista
Durante su tercer periodo como presidente, Morales enfrentó muchos de los problemas asociados con un programa reformista, ya que el crecimiento se desaceleró, la deuda pública se disparó y las reservas de divisas se redujeron a casi la mitad debido al alto costo producido por el cambio fijo del dólar.
Sin embargo, el gobierno del MAS seguía siendo una afrenta a la élite boliviana y al imperialismo estadounidense. «Mi pecado es ser indígena, sindicalista y cocalero …», comentó Morales durante su discurso de renuncia.
Las fuerzas reaccionarias exigieron concesión tras concesión por parte del gobierno mientras tanto tomaban su tiempo en planear como derrocar a Morales.
A pesar de la amenaza de la derecha, el gobierno del MAS adoptó un enfoque cada vez más conciliador hacia las corporaciones, los grandes terratenientes y la clase dominante. Esto erosionó el apoyo de la clase trabajadora y las personas de bajos recursos.
La gran ola de entusiasmo que llevó al gobierno del MAS al poder ha ido en disminución constantemente. Morales ganó más del 63% de los votos en las elecciones de 2014, en contraste, en octubre de 2019, su voto cayó al 47%.
La oposición de derecha explotó con entusiasmo la situación. En Santa Cruz (la ciudad más grande), desde las elecciones del 20 de octubre, el líder de extrema derecha, Luis Fernando Camacho, del Comité pro-Santa Cruz – «un grupo con raíces en la élite del departamento que ahora pretende representar a todos» – The Economist, 7/11/19 – organizó barricadas callejeras y «huelgas» para derribar a Morales.
Si un nuevo régimen de derecha logra consolidarse, todos los logros sociales que quedan de los años del gobierno de Morales estarán en grave peligro, así como la vida y la libertad de muchos activistas de izquierda y sindicalistas.
Los trabajadores y los pueblos indígenas enfrentarán ataques despiadados contra sus derechos y estándares de vida. Esto será un impulso para las fuerzas de derecha en toda América Latina, incluida la oposición capitalista en Venezuela.
Pero no será una situación estable. La clase y la base étnica de la derecha abre el camino a la posibilidad de un conflicto profundo.

Lecciones

Los socialistas y los trabajadores de todas partes deben oponerse a este golpe respaldado por el imperialismo estadounidense con acciones de solidaridad.
También necesitamos extraer las lecciones necesarias. Acciones disgregadas contra el gobierno de los oligarcas y los grandes terratenientes no satisfarán las necesidades de las masas y generarán la ira de la reacción.
Pero un gobierno obrero que tome los ricos recursos naturales de Bolivia como propiedad pública, junto con las grandes fincas, planificadas democráticamente y administradas por la clase trabajadora, transformará fundamentalmente la sociedad y actuará como un estímulo para un cambio socialista similar en todo el continente.

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