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FARABUNDO MARTÍ BIOGRAFÍA (1893-1932)

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Por Jorge Arias Gómez

I. DINASTÍA DE LOS MELÉNDEZ
(1912-1927)

Febrero de 1920. En una plaza de San Salvador se desarrolla un insólito
acto público: una delegación de estudiantes guatemaltecos celebran un
encuentro fraternal con estudiantes universitarios salvadoreños al amparo
del viejo ideal de la Unión Centroamericana. La causa unionista de
Francisco Morazán, de Gerardo Barrios (de El Salvador) y de Justo Rufi no
Barrios (de Guatemala), que resurge con renovados bríos, aglutina a esos
dos sectores de la juventud cuya Patria está dividida en cinco minúsculos
Estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Toman la palabra los estudiantes guatemaltecos. Su fogosidad, a manera
de látigo, fustiga implacablemente los lomos de la oscurantista tiranía del
Licenciado Manuel Estrada Cabrera -el “señor Presidente” de la novela
famosa de Miguel Ángel Asturias- quien por ese tiempo lleva en el poder
veintiún años ininterrumpidos. Se denuncian sus innumerables crímenes y
se le señala con índice acusador como uno de los obstáculos para realizar
la unión de Centro América. Estrada Cabrera terminaría la larga noche
de su despotismo dentro de poco, arrojado de su presidencia vitalicia en
una serie de rápidos acontecimientos que principiarían con su deposición
pacífi ca y que terminarían con un levantamiento insurreccional. Llegó el
turno de los estudiantes salvadoreños, para responder los discursos de sus
colegas guatemaltecos. El tema que domina sus intervenciones es el de
la «dinastía de los Meléndez», nombre con el que se conoce el nepotismo
que comenzara el 9 de febrero de 1913, cinco días después del asesinato
del Presidente Dr. Manuel Enrique Araujo. Este, en menos de dos años de
gobierno, había logrado imprimir un sello progresista a su administración.
El nepotismo de los terratenientes Meléndez, que sucediera al Dr. Araujo,
se prolongaría ocupando catorce años de historia de El Salvador, hasta el
28 de febrero de 1927.
En el momento del encuentro estudiantil, funge como Presidente de
la República, el señor Jorge Meléndez, quien meses atrás inaugurara su
gobierno. Es el tercero, en orden sucesivo, de «la dinastía».
Las fuerzas policiales, en actitud de alerta, han sido apostadas en
las inmediaciones del lugar donde se realiza el abrazo amistoso. Llegado
el instante en que los oídos de sus jefes no pueden resistir más las
valientes denuncias de los oradores estudiantiles, ordenan cargar contra «los revoltosos». El choque es violento. La superioridad de las fuerzas
policiales, que descargan a diestra y siniestra sus golpes, acaba por
imponerse. Veinte estudiantes, más o menos, van a parar a la cárcel. Entre
los capturados se encuentra un estudiante de derecho llamado Agustín
Farabundo Martí.
Las manifestaciones de protesta se desatan casi inmediatamente,
viéndose el Presidente obligado a poner en libertad a todos los detenidos,
algunos de los cuales gozaban de elevada posición social. Sólo uno queda
en cautiverio. Se trata del combativo estudiante José Luis Barrientos, a
quien se le había destinado el confi namiento en una isla semidesierta del
Golfo de Fonseca.
El tratamiento discriminativo que se le otorga a Barrientos, es,
propiamente hablando, un acto de venganza personal del Presidente.
En efecto, José Luis Barrientos había escrito y publicado, hada pocos
días, un panfl eto crítico contra el señor Carlos Meléndez, quien había
ocupado dos veces la Presidencia de la República. Cuando el panfl eto
sale a luz pública, Carlos Meléndez había muerto recientemente en un
hospital norteamericano. Su hermano, Jorge Meléndez, tomó el ataque de
Barrientos como una monstruosa ofensa personal que debía cobrar. Cuando
a Martí se le comunica la decisión de libertarle, con suma indignación
protesta e increpa al propio señor Jorge Meléndez, diciendo que todos los
detenidos eran responsables de los hechos, si es que a los mismos pudiera
califi cárseles de infracciones a la ley y que, en consecuencia, a todos
se les debía aplicar el mismo tratamiento; añadiendo, en forma rotunda,
que no aceptaba salir de las ergástulas carcelarias mientras su amigo
Barrientos continuara detenido. Se le responde que su actitud constituye
una insolencia imperdonable que lesiona la dignidad del primer magistrado
de la Nación. A pesar de todo, se le insta a que acepte la libertad. Sin
embargo, Martí prosigue la discusión sin cejar en su posición solidaria.
Llega una orden presidencial terminante: Agustín Farabundo Martí, junto
con José Luis Barrientos, es desterrado violentamente a Guatemala.
En esta forma comienza la etapa de apasionada actividad revolucionaria,
la cual durará trece años, interrumpida definitivamente por su trágica
muerte.
La firme actitud adoptada al solidarizarse con el estudiante José Luis
Barrientos, la destacamos porque esa fue una de las características que
integraron la recia personalidad de Agustín Farabundo Martí, virtud que
jamás sufriría mengua ni aún en los momentos mas difíciles de su labor
revolucionaria.

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