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CHE GUEVARA, SÍMBOLO DE LUCHA – PARTE 5

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DEL CONGO A BOLIVIA

El espíritu internacionalista del Che tuvo un impacto enorme en la juventud cubana. Delegaciones de jóvenes llegaron para verle y enviaron cartas suplicando que se les permitiera ir a luchar a Nicaragua, Guatemala, República Dominicana, Venezuela y otros países. Se fundó un departamento gubernamental especial, Liberación, responsable “de la revolución latinoamericana”.

Al igual que los CDRs, los departamentos internacionales del gobierno de Cuba tenían dos caras. Para empezar, los responsables estaban generalmente motivados por el deseo de extender la revolución y prestar ayuda a los combatientes de otros países. Se ofreció refugio a todos los que estaban perseguidos por toda la región y no tenían donde ir.

Sin embargo, el apoyo que Liberación ofrecía estaba casi por completo dirigido a las organizaciones guerrilleras y no orientado a la clase obrera. Grupos guerrilleros fueron entrenados y los recursos se canalizaron hacia ellos. El Che trabajó en la asistencia a grupos de Guatemala, Perú, Venezuela y Nicaragua. Muchos de los dirigentes del FSLN nicaragüense, como Tomás Borge y Rodolfo Romero, que eran miembros de la dirección sandinista que tomó el poder en 1979, se entrenaron en Cuba.

Este apoyo inicial, reflejo del papel del régimen de Castro, se convertiría más tarde en instrumento para ejercer control e imponer la política deseada por La Habana sobre varios grupos guerrilleros y de izquierda. Esto se hacía cada vez más para satisfacer las necesidades de la burocracia en Moscú.

Esto se vio posteriormente ilustrado cuando los sandinistas tomaron el poder en un proceso similar al que se desarrolló en Cuba. Sin embargo, no procedieron a nacionalizar los sectores decisivos de la economía y derrocar el capitalismo.

Durante 1985, bajo la amenaza de una contrarrevolución respaldada desde EE.UU., los dirigentes sandinistas flirteaban con la idea de “hacer una Cuba”. En abril, el dirigente sandinista Daniel Ortega visitó Moscú para discutir el apoyo de la burocracia soviética. Reticentes a verse envueltos en una guerra en Centroamérica y con intereses diferentes y una situación internacional cambiada comparada a la que existía en 1959/60, la burocracia de Moscú declinó prestarle apoyo.

Castro diligentemente apoyó a sus proveedores y puso presión sobre los dirigentes del FSLN. Un pequeño número de MIGs soviéticos destinados a Nicaragua fueron incautados en La Habana. Castro había visitado previamente Managua en enero de 1985 para instar al FSLN a que apoyara la economía mixta, diciéndoles: “Podéis tener una economía capitalista” y alabó a Ortega por su “método serio y responsable”.

En Che, a principios de los 60, estaba decidido a desarrollar la revolución aplicando sus métodos de guerrilla por todo en continente suramericano. En particular, tenía esperanzas en un levantamiento revolucionario en su nativa Argentina.

Castro quería fortalecer su régimen y ganar el apoyo de Kruschev. Tras volver de Moscú durante 1963 con enorme ayuda económica de la URSS, empezó a preocuparle menos la idea de extender la revolución más allá de las costas de Cuba y declaró que estaba “dispuesto a hacer lo que fuera necesario para establecer buenas relaciones vecinales con los Estados Unidos e América, basadas en los principios de coexistencia”.

En Argentina el Ejército Guerrillero del Pueblo inició una operación guerrillera durante 1962. Con una masiva clase trabajadora urbana, Argentina era el país menos idóneo para lanzar una guerra de guerrillas. La ofensiva se hizo coincidir con el segundo aniversario en que el ejército había tomado el poder. Resultó un desastre y el grupo fue masacrado, incluídos dos de los colaboradores más cercanos del Che, Hermes y Masetti.

El episodio tuvo sobre el Che un efecto devastador. “…Aquí me veis detrás de un pupitre, jodido, mientras mi gente muere durante las misiones a las que yo los he enviado”, contestó cuando se le preguntó por qué aparecía deprimido.

Una combinación de esto y otras derrotas de las fuerzas guerrilleras a nivel internacional, combinado con la frustración por la creciente burocratización del régimen de Cuba, le había llevado a decidir su vuelta al campo de batalla. Finalmente dejó Cuba en 1965 y fue, no a Latinoamérica, sino a África, para luchar en el Congo. Desde el derrocamiento del gobierno de Lumumba y su asesinato, el Congo se había situado en el centro de un importante conflicto con el imperialismo.

El Desastre del Congo

El Che dejó una carta para Castro alabando sus cualidades como “dirigente revolucionario” y absolviendo a Cuba de cualquiera de sus acciones futuras. Típicamente, escribió: “…No siento el no dejarle nada material a mi esposa e hijos. Estoy feliz de que sea así. No pido nada para ellos, ya que el estado les proveerá con lo suficiente para vivir y educarse…”

Concluyó el texto con su famosa frase que habría de convertirse en el grito de lucha de la juventud por toda Latinoamérica en la lucha contra las dictaduras que aprisionaban al continente durante los años 70 y 80, “¡Hasta la victoria siempre!”

Sin embargo, las esperanzas y aspiraciones con las que partió hacia el Congo con una fuerza de cubanos se hicieron rápidamente añicos. La misión habría de convertirse en un desastre y terminó en derrota. Se preparó mal y se llevó a cabo casi como un acto de desesperación. Además, se trataba de una misión impuesta desde fuera. Como el Che admitiría más tarde, los congoleños sabían poco de ella hasta que él llegó a su país.

Cuando sus fuerzas llegaron a Dar-El- Salaam, Tanzania, donde los líderes rebeldes tenían su base, no pudieron encontrar a ninguno; estaban fuera, en El Cairo. Entre ellos se encontraba Laurent Kabila, que treinta años después tomaría el poder en el Congo.

Las fuerzas cubanas estaban impactadas por lo que se encontraron entre el ejército rebelde. No sólo éste carecía de una dirección política coherente, sino que, en palabras del Che, era “un ejército parasitario”. Los campesinos locales estaban aterrorizados por él. Los soldados les robaban y atacaban a las mujeres. En los conflictos presenciados por el Che, los combatientes solían huir de la contienda. Los oficiales, con frecuencia, se emborrachaban en comilonas que terminaban en peleas. Kabila fue visto por los cubanos conduciendo por los alrededores de Dar-El-Saaam en un Mercedes Benz y nunca se encontraba presente cuando las contiendas eran inminentes.

Todo esto contrastaba marcadamente con lo que las fuerzas cubanas estaban acostumbradas con sus expectativas. Finalmente se vieron obligados a retirarse y admitir la derrota tras un asalto de las fuerzas gubernamentales sobre los rebeldes. El Che encontró refugio en la Embajada cubana en Tanzania y, a través de Europa del Este, regresó finalmente de forma clandestina a Cuba. Sin embargo, habiendo construido su reputación sobre la lucha hasta el final, no podía volver a La Habana con las “manos vacías”.

A Bolivia y a la Muerte

El objetivo del Che era regresar a su tierra natal, Argentina, y continuar allí la lucha pero esto resultó ser imposible. En 1967 fue a Bolivia con la intención de avivar un movimiento revolucionario mediante una campaña guerrillera. A partir de aquí esperaba radiar a los países vecinos una serie de luchas revolucionarias. Se trató de un gesto heroico, como gran parte de la lucha política del Che. Como en el Congo, se convirtió en otra aventura, esta vez con fatales consecuencias para él. Una ley de hierro histórica, que la revolución no puede imponerse artificialmente desde el exterior, se vio ilustrada de manera trágica.

Aunque Bolivia contaba con una población rural mayor que la de Argentina, poseía una poderosa clase obrera forjada por las tradiciones revolucionarias de los mineros del estaño. El Che ignoró esto, a pesar de haber presenciado el movimiento revolucionario de masas de 1953. Además, un extenso programa de reforma agraria se llevó a cabo durante la revolución boliviana de los años 50. Esto hizo que el campesinado estuviera menos inclinado y receptivo a llevar a cabo una lucha armada y prestar su apoyo al ejército guerrillero.

Cuando se sentaron sus planes para esta campaña, el Che no logró ganar el apoyo activo del Partido Comunista Boliviano (PCB) que, inicialmente, al menos de manera formal, tomó una posición neutral e incluso permitió que algunos de sus miembros ayudaran con los preparativos para la campaña.

Esto se hizo en parte para permitir que su dirección pareciera más “revolucionaria”, ya que temían ser flanqueados por la izquierda. Tenían un miedo especial del partido trotskista POR(Partido Obrero Revolucionario), que tenía una tradición poderosa y una influencia de semi-masas en el campo, especialmente entre los mineros del estaño.

En realidad, el PCB no logró organizar apoyo para la fuerza guerrillera y sus dirigentes eran muy escépticos en apoyar esos métodos. Monje y los otros dirigentes no querían realmente que se luchara una campaña guerrillera en su misma puerta. El partido seguía estando ligado a la idea de una coalición con los sectores “progresivos” de la burguesía nacional.

Castro había acordado con Monje y otros dirigentes del PCB que deberían tener el monopolio del apoyo material y político. En realidad, la dirección del PCB prestó poco respaldo a las fuerzas del Che. Esto se debió en parte a la situación en Bolivia.

También existían factores internacionales que se les venían encima a Monje y a la dirección del PCB. La burocracia de Moscú quería frenar los movimientos guerrilleros ya que incrementaban la inestabilidad que se desarrollaba en Latinoamérica. El régimen cubano se veía alentándolos y sus actividades necesitaban ser “controladas”. El Che era considerado como un aventurero irresponsable en el Kremlin. Fue denunciado como “troskista” y “maoísta” entre los círculos del Kremlin.

Esto se manifestó en una conferencia internacional que tuvo lugar en enero de 1966, la llamada Conferencia Tri-continental. Este acontecimiento tuvo lugar en La Habana y a él acudieron delegados de Asia, África y Latinoamérica al igual que de China y Rusia. Aparte de representantes gubernamentales se encontraban presentes grupos guerrilleros, especialmente de Latinoamérica. Aquí Castro atrajo la atención de la burocracia china cuyos intereses entraban en conflicto con la de sus homólogos en la URSS.

A la vez, Castro hizo aprobar una resolución en apoyo de los movimientos guerrilleros para fastidio de los dirigentes de Moscú. Monje hizo una rápida visita a Moscú después de la conferencia. De las discusiones que mantuvo con los oficiales del PCUS sacó la conclusión de que ellos, como él, veían al Che como la fuerza motriz de esta política, aunque no estuvo presente en la conferencia.

Según Monje, se le exhortó, por parte de oficiales del PCUS, a plantarle cara a los cubanos y no verse mangoneados por ellos. Monje se vio ciertamente alentado por la burocracia para no movilizar al Partido Comunista Boliviano en apoyo de la operación guerrillera del Che.

Esto, junto con la fricción que existía entre los dirigentes del PCB y el Che, se conocía en La Habana cuando Castro acordó darle al Partido Comunista Boliviano el monopolio sobre el apoyo práctico y político al Che y sus guerrillas.

Llegado el momento, el Che lanzó su cruzada en una de las zonas más aisladas de Bolivia, al sureste del país, 250 kilómetros al sur de Santa Cruz. Su fuerza guerrillera recibió el nombre de ELN (Ejército de Liberación Nacional). En su punto álgido sus fuerzas contaban con 29 bolivianos y 18 cubanos. El área escogida para lanzar la ofensiva era una de las menos pobladas y sin ninguna tradición de lucha entre los campesinos locales. No puede sorprendernos que la expedición del Che no lograra ganar ningún apoyo local.

El fracaso de las fuerzas del Che en ganar una auténtica base local también reflejaba que después de la reforma agraria promulgada durante la revolución de 1953 los campesinos no estaban dispuestos a tomar el camino de la lucha armada.

Tras meses de lucha, la fuerza guerrillera se vio aislada y sufrió un golpe tras otro. La salud del Che comenzó a resentirse y se vio obligado a ir a caballo, incapaz de caminar debido a los ataques de asma. No se prestó ningún apoyo desde La Habana y se desmantelaron las comunicaciones con el ELN.

Es fiable asumir que la burocracia de Moscú quería ‘quitar de en medio’ al Che. Castro permaneció pasivo cuando uno de los dirigentes básicos de la revolución cubana afrontaba sus meses y semanas finales. Regis Debray, que se encontraba en Bolivia con el Che Guevara, se ha movido desde entonces políticamente a la derecha llegando a ser consejero de François Mitterand, el ex-presidente de Francia. En 1996 Debray atacó a Castro y La Habana acusándolos de abandonar al Che y a sus fuerzas.

La pequeña fuerza del Che combatió contra 1.500 soldados del ejército boliviano. En colaboración con la CIA averiguaron el paradero de sus fuerzas. Tras un combate desesperado el 8 de octubre, él y su guerrilla fueron capturados cerca del pueblo de La Higuera, al este de Sucre.

Al día siguiente fue interrogado durante cuarenta y cinco minutos por el teniente coronel Andrés Selich, tras lo cual se ordenó su asesinato por el agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez. Permaneció atado de manos y pies al lado de los cuerpos de dos combatientes guerrilleros muertos.

Cuando se le preguntó: “¿Eres cubano o argentino?” el Che contestó, “Soy cubano, argentino, boliviano, peruano, ecuatoriano, etc… ya comprendéis.”

Fue ejecutado a la edad de 39 años y enterrado en una tumba secreta que se ha descubierto recientemente. Su cuerpo ha sido devuelto ahora a Cuba. Sus ejecutores le cortaron las manos tras su muerte y las enviaron a La Habana como prueba de su fallecimiento.

En una pared cerca de su tumba en Bolivia hay una sencilla pintada que dice: “El Che – vivo como nunca quisieron que estuvieras”. El espíritu del compromiso heroico de lucha contra la opresión ha sido legado a las nuevas generaciones. Su ejemplo sigue inspirando a muchos a luchar para derrocar el capitalismo y luchar por una alternativa socialista. Tres décadas después de su muerte, los marxistas pueden saludar al Che como un revolucionario heroico y honesto.

La tragedia del Che fue que su heroísmo no estuvo vinculado con un programa e ideas plenamente configurados que pudiera lograr el objetivo al que aspiró: una revolución socialista internacional. La necesidad de lograrla es más urgente que nunca y podrá conseguirse si los revolucionarios de hoy aprenden de la lucha del Che Guevara y emulan su audacia y sacrificio para lograr una sociedad socialista.

EPÍLOGO

Tres décadas después de la muerte del Che, Cuba se encuentra de nuevo en una encrucijada. En el trasfondo de una situación internacional transformada, planea la amenaza de la contrarrevolución y la restauración capitalista. El imperialismo norteamericano ha vuelto a apretar su yugo y está dirigiendo las tentativas para derrocar a Castro y recobrar un casino para los magnates de negocios.

Con la pérdida de los acuerdos comerciales favorables con la antigua URSS en 1990/91, Cuba se sumergió en la crisis económica. Esto se ha visto agravado por los intentos del imperialismo norteamericano de aislar Cuba con la imposición de un embargo comercial destinado a estrangular la economía.

Cada presidente norteamericano desde la Revolución Cubana de 1959 ha intentado tomar medidas destinadas a provocar la caída del régimen de Castro y la restauración del capitalismo. Aparte de los bloqueos económicos y de la financiación de fuerzas mercenarias, entre otros esfuerzos notables de la CIA hay que incluir el envío de puros explosivos al “jefe máximo” en La Habana.

Castro, para irritación de los inquilinos de la Casa Blanca, ha sobrevivido a nueve presidentes norteamericanos, cada uno de los cuales subestimó el apoyo masivo que existía en Cuba para la revolución, a pesar de la ausencia de un régimen genuino de democracia obrera.

Sin embargo, los logros del pasado de la Revolución Cubana se encuentran ahora amenazados conforme la perspectiva de una restauración capitalista cobra fuerza. El régimen, confrontando la pérdida del apoyo económico de la antigua URSS y el aislamiento, se ha visto empujado a adoptar una nueva política económica. Esto ha abierto Cuba a la inversión extranjera, a la propiedad de sectores de la economía, y ha legalizado la circulación del dólar norteamericano, lo que amenaza la existencia de una economía planificada centralizada.

Antes de 1990/91, el comercio con los antiguos regímenes de la URSS y del Este de Europa sumaba el 85% de las exportaciones cubanas. Posteriormente las exportaciones de azúcar cayeron un 70%. La pérdida de estos puntos de venta y subsidios de estos regímenes provocó la caída en picado de la economía. El Producto Interior Bruto cubano sufrió un bajón de más del 30% durante 1991. A pesar de una estabilización aparente del declive y de un incremento de la producción durante los últimos dos años, el colapso económico de principios de los 90 no se ha compensado aún.

Los niveles de vida cayeron dramáticamente y se introdujo el racionamiento del pan y el arroz. La reconversión en el sector estatal provocó el despido de más de 500.000 obreros. El régimen ha tomado medidas para que la sanidad y la educación estén aseguradas, pero ha sido incapaz de prevenir la vuelta de algunos de los peores elementos de la vida bajo el capitalismo. Aunque no en la escala que existía antes de la revolución, la prostitución ha regresado a las calles de La Habana.

En un intento desesperado para detener el colapso económico, el régimen se vio obligado a tomar medidas para atraer la inversión extranjera y adquirir acceso a los mercados internacionales. Ahora se ha legalizado el 100% de la propiedad extranjera de algunas industrias.

El Imperialismo Dividido

Este cambio en la política del gobierno de Castro ha abierto una división entre las potencias imperialistas contendientes.

El imperialismo europeo (especialmente el español), canadiense y japonés han tratado de sacar ventaja de esta situación. Han alentado la inversión en la economía cubana. Canadá es ahora el socio de inversión y comercio más importante de Cuba seguido de España. Hacia 1996 se estimaba que existían 650 compañías extranjeras con inversiones en Cuba. Otros países capitalistas latinoamericanos más poderosos, como Méjico y Brasil, han seguido el ejemplo con vistas a extender su influencia política y económica en la región.

Aparte de conseguir una ventaja económica de la apertura, mediante esta política esperan presionar a la burocracia para que se mueva hacia el capitalismo y disipe la economía planificada. Están implementando esta política con el objetivo de hacer casar a la burocracia, o a sectores de ella, con el capitalismo y convertirla en una clase capitalista junto a sectores de la población cubana en el exilio en Florida.

Esta política se ha visto tremendamente complicada por la actitud del imperialismo norteamericano, que ha adoptado un método contencioso y más agresivo. Este ha consistido en intentar “matar de hambre hasta que salga del agujero” a Castro y derrocar su régimen para instalar a sus leales partidarios de Miami.

Se trata de una política miope pero refleja las diferentes presiones bajo las que se encuentra el imperialismo norteamericano. Esta política está propulsada por consideraciones históricas, de vengar el dañado prestigio del imperialismo norteamericano por la pérdida de su casino a favor de Castro en 1959.

También está determinada por la necesidad de las consecutivas administraciones norteamericanas de lograr el apoyo de los 700.000 cubanos que viven en Florida. La Fundación Nacional Cubano-Americana, uno de los grupos de presión más poderosos en Washington, tuvo un efecto decisivo para promulgar el Acta de Helms-Burton, que endurecía el embargo sobre Cuba e incluso penalizaba a las compañías extranjeras que invertían en el país.

Otros grupos reaccionarios, aunque más pequeños, como Alfa 66, han intentado acciones armadas y terroristas contra el régimen de Castro. Aunque dentro de este grupo existe un cuerpo de opinión “moderada” que apoyaría un compromiso con el régimen de Castro, existe también una poderosa fuerza reaccionaria de antiguos capitalistas cubanos y personas a su cargo.

Estas fuerzas no están de humor para llegar a un compromiso con la burocracia de Castro y pretenden reclamar las fábricas y la tierra que perdieron durante la revolución. Si volvieran a Cuba, muchos lo harían con la intención de descargar su venganza.

La posición del imperialismo norteamericano, junto con la amenaza de los exiliados cubanos, está poniendo enormes obstáculos a aquellos sectores de la burocracia cubana que se sentirían más entusiasmados en abrazar el capitalismo e intentar convertirse en una clase capitalista. Esto constituye una diferencia importante con los acontecimientos que se desarrollaron en la antigua URSS y el Este de Europa. La burocracia en estos países tenía la perspectiva de auto-convertirse en la clase gobernante (con la excepción de Alemania del Este donde la vieja burocracia fue en su mayor parte jubilada por el imperialismo de Alemania Occidental).

El entusiasmo por la revolución y el odio del imperialismo norteamericano ha posibilitado que la dirección del régimen cubano, especialmente Castro, mantenga un apoyo masivo en Cuba a pesar del colapso económico que ha tenido lugar desde 1990. La agresiva arrogancia del imperialismo norteamericano ha hecho que le salga el tiro por la culata, contribuyendo a mantener a la dirección cubana en el poder.

Sin embargo, el gobierno cubano se ha visto obligado a moverse en la dirección de tomar medidas pro-capitalistas e intentar asegurar la inversión de las potencias imperialistas que no sean norteamericanas. Estas medidas se han acelerado durante 1993 y 1994 y se ha permitido la propiedad extranjera en el turismo y en algunos otros sectores.

Incluso la agricultura se ha visto afectada. En 1992, el 75% de la tierra cultivable de Cuba estaba bajo el control de las granjas estatales que disfrutaban de subvenciones masivas. Hacia 1995 esta cifra había caído al 27%, el resto siendo cultivada por cooperativas privadas que arriendan la tierra del gobierno y compran el equipo. Una cuota fija debe venderse al estado y todo lo que lo supere puede venderse privadamente. Estas y otras medidas han facilitado un cierto crecimiento de la economía en los últimos dos años pero no ha compensado lo que se perdió después de 1991. Esta misma política también ha resultado en el crecimiento de las desigualdades. Los trabajadores empleados en empresas mixtas, en parte o totalmente propiedad de compañías extranjeras, tienen salarios más altos (en dólares, cuya circulación fue legalizada en 1993). Bajo estas condiciones ha sido inevitable el desarrollo de un mercado negro.

Cuando se implementaron estas medidas, Castro las presentó como temporales e impuestas sobre el régimen debido a la situación. A la vez, ha proclamado su apoyo continuado al socialismo. Cuando se acordó abrir la economía a la inversión extranjera, la política era “…no estando inspirados por el neo-liberalismo, ni aspira a una transición al capitalismo. Se trata de una apertura para defender y desarrollar el socialismo y esto no lo oculta nuestro gobierno.”

La aparente defensa de Castro de la revolución y el “socialismo” de cara a la agresión imperialista de los EE.UU ha reforzado el apoyo a Cuba en la mente de muchos jóvenes y trabajadores del mundo durante los últimos cinco años. Para muchos, Cuba se ve ahora como el único régimen que aún defiende el socialismo y lucha contra la amenaza de la agresión imperialista y de la restauración capitalista.

El movimiento obrero internacional tiene la responsabilidad de oponerse a toda agresión del imperialismo y a los intentos por restaurar el capitalismo en Cuba. A la vez, es necesario ver lo que subyace tras la defensa del “socialismo” hecha por Castro y la burocracia cubana.

Un sector de la burocracia se resiste a los intentos de moverse hacia la restauración capitalista. En parte esto se debe porque no quiere abandonar los logros sociales conquistados por la revolución y responsabilizarse de la miseria y el caos que implicaría una vuelta del capitalismo a Cuba.

Lo que es más importante, debido a la reacción del imperialismo norteamericano y a la amenaza planteada por una vuelta de la clase capitalista en el exilio para sectores de la burocracia cubana, estos últimos se han visto obligados a intentar evitar una vuelta al capitalismo para proteger sus propios intereses y privilegios.

La burocracia se ha visto obligada a defender verbalmente la revolución y oponerse al imperialismo para intentar mantener y descansar sobre una base de apoyo entre las masas. A la vez, está determinada a mantener su dominio y control de la sociedad. Esto se refleja en la continuación de un estado de partido único. El Partido Comunista Cubano es el instrumento mediante el cual la burocracia controla la sociedad.

¿Amigos del Socialismo?

A pesar de la defensa de Castro del “socialismo”, el otro lado de su política dual ha sido asegurar la inversión procedente de otros países imperialistas fuera de lo que es EE.UU. Con su dinero también han venido los políticos capitalistas y sus ideas. El odiado anterior ministro español pro-thatcherista, Solchaga, fue invitado a La Habana como consejero económico. Castro declaró su deseo de conocer a Thatcher en persona y ya se ha reunido con el Papa como parte de un claro intento de acercamiento a la Iglesia Católica.

En una repetición irónica de la historia, como en 1968 (cuando el ejército militar masacró a cientos de estudiantes), el gobierno cubano y el Partido Comunista han permanecido virtualmente silenciosos sobre el levantamiento del pueblo indígena de Chiapas, en Méjico. Ningún apoyo fue ofrecido a las luchas heroicas de los trabajadores mejicanos del petróleo y autobuses en su lucha contra la privatización.

La política internacional sigue reflejando la política doméstica y los intereses del régimen cubano. No puede tratarse de una coincidencia que el silencio de La Habana sobre las luchas de las masas mejicanas coincida con que el capitalismo mejicano se encuentre entre los inversores más importantes de Cuba. Un millón y medio de dólares norteamericanos fue invertidos en telecomunicaciones por el Grupo Domos mejicano.

Gran parte de la burocracia cubana está dispuesta a apoyar la restauración capitalista si fuese posible llegar a un acuerdo con el imperialismo. La presión a favor de más medidas pro-capitalistas lleva camino de incrementarse. Cuba no puede existir en medio del aislamiento internacional por un periodo de tiempo indefinido y se verá obligada a intentar atraer más inversión y comercio extranjeros. Castro y sectores de la burocracia probablemente se contentarían con intentar sostener un régimen híbrido, si esto fuera posible. Esto incluiría un enorme elemento de mercado privado con parte de propiedad y planificación estatal y con la maquinaria del estado intacta.

Los sectores de la dirección que están más inclinados hacia la restauración del capitalismo podrían ser más enérgicos tras la muerte de Castro que, a sus 71 años, tiene problemas de salud.

Con un cambio en la dirección cubana tras la muerte de Castro, incluso el imperialismo norteamericano podría cambiar su política e intentar incorporar a una nueva generación más joven de la burocracia con la clase capitalista cubana en el exilio. Algunos sectores de la clase dominante norteamericana ya contemplan esta posibilidad e incluso han llegado a invertir en Cuba.

Esto se vio restringido en el transcurso de las últimas elecciones presidenciales en Norteamérica, cuando Clinton endureció el embargo en parte para intentar ganar el voto cubano en Florida. Sin embargo, aunque tales acciones puedan emerger como puntal fundamental de la política, incluso esto tendría que superar el odio y la amargura existente entre las masas cubanas hacia el imperialismo norteamericano y hacia los capitalistas cubanos reaccionarios que residen en Florida. No va a tratarse de un viaje fácil dado los intereses existentes en conflicto.

Por una Alternativa Socialista

La ausencia de una alternativa socialista y el aislamiento de Cuba obligará a que el proceso de restauración capitalista se acelere más. Esto sólo podría impedirse estableciendo un régimen de genuina democracia obrera, con una perspectiva de desarrollar la revolución socialista por toda Latinoamérica e internacionalmente.

El establecimiento de consejos obreros genuinos a nivel nacional y local, que tengan el control y administración de la economía es algo fundamental. Todos los representantes y oficiales deben ser elegidos y sometidos a revocabilidad por aquellos a los que representan y recibir sólo el salario medio de un obrero cualificado.

Debe ponerse fin al régimen de partido único existente. Esto a menudo encuentra justificación cuando el imperialismo amenaza la revolución y existe la perspectiva de que bandas de derechas reaccionarias procedentes de Miami puedan organizar sus fuerzas. Esta amenaza es real pero no va a ser impedida permitiendo que sólo el partido de la burocracia pueda organizarse. Todos los partidos que se oponen al imperialismo y defienden la idea de una economía planificada socialista deberían poder organizarse, sacar propaganda y presentar candidatos en las elecciones. También es necesario establecer sindicatos independientes.

La amenaza planteada por el imperialismo y la restauración capitalista en Cuba sólo pueden evitarse mediante la victoria de la revolución socialista en Latinoamérica e internacionalmente. Para esto es necesario lograr el apoyo de la clase obrera latinoamericana y establecer una Federación Socialista del continente. Esto ya era necesario cuando el Che y la revolución triunfaron en 1959.

El Che aspiraba a lograr esta victoria. Sin embargo, a pesar de su heroísmo y sacrificio revolucionario, no logró comprender cómo llevar a cabo el socialismo continental. Treinta años después de su muerte esta lucha es más necesaria que nunca. Si las lecciones del legado del Che son comprendidas por los revolucionarios del mundo, esta victoria se conseguirá.

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En octubre de 1997 se cumplió el treinta aniversario de la ejecución del Che Guevara. Fue asesinado por el ejército boliviano en conjunción con la Agencia de Inteligencia Central de los Estados Unidos. Su crimen fue luchar contra la opresión y la explotación. El Che fue un revolucionario heroico, sacrificado. Continúa siendo un símbolo de lucha para todo los que luchan para derrocar el capitalismo y el imperialismo.

El CIT ha publicado esta revista para conmemorar el aniversario de la muerte del Che y ayudar a los trabajadores, campesinos y jóvenes en su lucha. Hay muchas lecciones que necesitan aprenderse de la lucha del Che y de la Revolución Cubana. Este documento discute esas experiencias y las implicaciones que tienen en la lucha para construir una sociedad socialista.

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