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LA RELEVANCIA DE TROTSKY HOY

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León Trotsky

Peter Taaffe analiza el duradero legado de una de las más grandes figuras del siglo XX

 

Peter Taaffe, Socialist Party, CIT en Inglaterra y Gales

20 de agosto de 2000.

 

Hace sesenta años este 20 de agosto, Ramón Mercader el sicario de Stalin, asesinó al revolucionario vivo más grande de ese tiempo, León Trotsky. No fueron solo los Trotskistas quienes sintieron el soplo terrible de su muerte, sino que la clase obrera y el movimiento de trabajadores de todo el mundo.

 

Este cerebro – en cierto modo, el cerebro de la clase obrera en esa etapa – no iluminaría y ni clarificaría más los problemas que enfrentan los movimientos de la clase obrera internacionalmente.

 

Sólo con enumerar los “logros prácticos” de Trotsky; justificaría en sí mismo el conmemorar este aniversario. Él fue el presidente del primer soviet – comité de representantes de trabajadores – en la primera revolución rusa entre 1905-1906. En 1917 él fue el organizador de la revolución Rusa de Octubre, el más grande acontecimiento en la historia de la humanidad. Él después creó y lideró el ejército rojo que derrotó a los veintiún ejércitos contrarrevolucionarios del imperialismo que intentaron aplastar la revolución.

 

Pero sobre todo, León Trotsky era uno de los más grandes teóricos del movimiento de trabajadores. Si Karl Marx fue el hombre del milenio, luego León Trotsky fue indudablemente, con Lenin, Federico Engels y Rosa Luxemburgo, también uno de las figuras más grandes del milenio, y ciertamente del siglo XXI. Sus ideas, su método de análisis, y las conclusiones extraídas de esto, son hoy tan relevantes como en el pasado.

 

 

CAPÍTULO 1: LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

 

Veamos la famosa teoría de la revolución permanente de Trotsky, que anticipó brillantemente las fuerzas de clase involucradas en el resultado de la revolución Rusa. Rusia antes de 1917 era un sistema feudal o semi-feudal que significó la virtual esclavitud para la población. Como la India hoy, la mayoría de la población eran campesinos que sobrellevaban una existencia en pequeñas parcelas de tierra, mientras que la clase obrera urbana no tenía derechos y era explotada despiadadamente en industrias de rápido desarrollo. Rusia no había terminado la revolución democrática capitalista como lo hizo Inglaterra, por ejemplo, en el siglo XVI y Francia en el siglo XVIII. Las principales tareas de esta revolución eran la eliminación de las relaciones feudales y semifeudales en la tierra, unificación del país, y la solución del problema nacional. Esto también implicó la introducción de la democracia, el derecho al voto, la elección de un parlamento democrático, una prensa libre, y los derechos sindicales para la clase obrera. Por último, pero no por ello de menor importancia, el desarrollo completo de esta revolución liberaría la economía de la dominación del imperialismo, particularmente del imperialismo anglo francés que consideró a Rusia como virtual colonia.

 

Todas las corrientes de opinión dentro del movimiento de trabajadores rusos consideraban como tarea principal la completación de la revolución democrática burguesa. Sin embargo, Lenin y Trotsky diferían de los Mencheviques (miembros de la minoría del movimiento de trabajadores Social Demócrata Ruso) que creían que la tarea de la clase obrera era jugar de segundo violín a los supuestos capitalistas liberales. Los Mencheviques consideraban que estos últimos eran los agentes principales de la revolución democrática capitalista. El socialismo para ellos era la música de un futuro distante.

Al mismo tiempo, los Mencheviques vieron la revolución Rusa como un acontecimiento puramente nacional con un eco limitado internacionalmente. Con todo, el tardío desarrollo de la burguesía como clase en Rusia, y con ello un retraso en la revolución democrática capitalista, significaba que los capitalistas rusos débiles y temerosos no eran capaces de terminar esta tarea histórica. Como vemos en el mundo neocolonial hoy, los capitalistas han invertidos en la tierra y los latifundistas han invertido en la industria. Por lo tanto, cualquier intento serio por una reforma agraria desafiaría el poder de los latifundistas como también se enfrentaría a la oposición de los capitalistas y sus representantes políticos, los partidos capitalistas liberales. Esto se ha visto no solo en Rusia sino en Alemania en el siglo XIX y muy gráficamente en nuestro tiempo en África, Asia y América Latina. Una nueva fuerza emerge en Rusia, que no estaba presente en las revoluciones inglesa y francesa, era la clase obrera, que se había desarrollado como una poderosa fuerza en aquel momento, de una manera única. Trotsky precisó que la burguesía liberal estaba aterrorizada, algo absolutamente correcto como los acontecimientos demostraron; que una lucha contra el Zarismo y las capas sociales sobre las cuales se apoyaba, abrirían las compuertas a través de las cuales la clase obrera pasaría junto con el campesinado , para poner sobre la agenda sus propias demandas. Tanto Trotsky como Lenin, por lo tanto, sostuvieron que sería solo una alianza de la clase obrera y el campesinado la que podría llevar a término las tareas pendientes de la revolución democrática burguesa.

 

Lenin expresó esto en su fórmula de la “dictadura democrática de la clase obrera y del campesinado”. Trotsky, sin embargo, en su teoría de la revolución permanente, precisaba que el campesinado nunca había jugado históricamente un rol independiente. Debe ser dirigido por una u otra de las dos grandes clases de la sociedad, la burguesía o la clase obrera. Lenin y Trotsky coincidieron que los capitalistas no podrían llevar a cabo su propia revolución. Por lo tanto, Trotsky argumentó, la clase obrera debe asumir la dirección de la revolución, arrastrando tras si las masas en el campo. Lenin, por una parte, dejó abierta la relación exacta entre el campesinado y la clase obrera en su “fórmula algebraica”. Trotsky sostuvo eso porque la historia había demostrado que el campesinado nunca puede jugar un rol independiente en la alianza, por lo tanto, debe ser dirigida por la clase obrera. El movimiento combinado de la clase obrera en las ciudades, y una sublevación campesina total en el campo, fueron considerados por Trotsky en su teoría de la revolución permanente como la forma más probable en que la revolución se desarrollaría en Rusia.

 

Esto fue confirmado en Octubre de 1917. Por otra parte, había un acuerdo completo en la posición de Lenin y Trotsky entre febrero y octubre de 1917 en cuanto a cómo la revolución debía ser abordada. A pesar de todas las tentativas de ciertos “Leninistas” de último minuto para rebatir esto – desde los remanentes de Partidos Comunistas “Estalinizados” en el mundo neocolonial hasta ex-Trotskistas. Lenin mismo, en 1917, precisó que su fórmula anterior de la dictadura democrática del proletariado y el campesinado había sido llenada de un contenido negativo. Junto con Trotsky él indicó que ahora la tarea del proletariado era tomar el poder, apoyado por el campesinado.

 

Una vez conquistado el poder, Trotsky explicó, y completadas las principales tareas de la revolución democrático burguesa, el poder revolucionario procedería a las tareas socialistas dentro de Rusia, actuando también como la chispa para la revolución mundial. Y fue así como los acontecimientos se desarrollaron, con una ola revolucionaria de masas en Europa occidental – en Alemania en 1918-19, Hungría 1919, Italia con huelgas y ocupaciones en 1920, etc. Estas revoluciones fueron derrotadas solamente debido al papel traidor de los líderes de las organizaciones socialdemócratas de masas en ese entonces.

 

Los marxistas no idolatran “textos antiguos”; no importa cuan brillantes ellos puedan ser. Sin embargo, si una teoría es muy “vieja” y aún así prevé correctamente los eventos y procesos, es la más moderna de las teorías. Y las ideas de Trotsky son tan aplicables hoy para la mayoría de África, y para la mayor parte de Asia y de América Latina; como lo fueron para Rusia más de 80 años atrás.

 

La revolución democrática capitalista no se ha completado en grandes partes del mundo neocolonial. Los latifundistas y capitalistas son incapaces de solucionar la enorme acumulación de problemas, incluso mayores si los comparamos con 1917.

 

Previamente realizamos una comparación entre la India hoy y la posición de Rusia antes de 1917. A pesar del crecimiento significativo de la industria en las áreas urbanas, la gran mayoría de la población encuentra sus vidas oprimidas por el mantenimiento de las relaciones feudales y semi-feudales de la tierra y del régimen monstruoso que va con esto.

 

Tomemos otro ejemplo, el Congo, ex colonia de Bélgica. Después del asesinato de Patrice Lumumba en 1961 este ‘”país” fue gobernado por el régimen capitalista del gángster Sese Seko Mobutu. Una desintegración completa sobrevino con el refuerzo del tribalismo y la corrupción monumental de Mobutu y de sus seguidores que robaron la mayor parte de los activos del país. Las esperanzas de las masas empobrecidas renacieron, sin embargo, con el triunfo de Laurent Kabila en 1997. Él fue un ex colaborador del Che Guevara cuando este participó en una insurrección guerrillera en 1965.

 

A pesar de ello, Kabila ha aceptado, en el contexto del triunfo mundial del “mercado”, la perpetuación de todas las enfermedades del Mobutuismo que ocurrieron antes. El tribalismo y la corrupción no sólo existen todavía, sino que se han reforzado. Hay ahora la perspectiva de un terrible genocidio tipo Ruanda, desarrollándose a partir del tribalismo fratricida en el período próximo. Sierra Leone indica también que donde ninguna clase existe o posee la conciencia necesaria para llevar la sociedad hacia adelante, una recaída y una regresión terribles pueden seguir.

 

Así, como Lenin precisó, África, sobre la bases del comunismo, podría moverse dentro de una generación desde el tribalismo al comunismo. Solamente la clase trabajadora africana, sin embargo, vinculada al movimiento de trabajadores a nivel mundial, puede alcanzar esto. Una vez conquistado el poder, la clase obrera completara la revolución democrática burguesa y continuará con la regeneración socialista de África, a través de una federación socialista continental.

 

CAPÍTULO 2: LA LUCHA CONTRA EL NEO-COLONIALISMO

 

Incluso durante el boom mundial de 1950-75 la revolución permanente funcionó, pero no en una forma clásica. En una serie completa de países, China, Vietnam y Cuba, la sociedad enfrentó un impasse sobre las bases del latifundismo y el capitalismo. Por una parte, la clase obrera era débil o restringida por una falsa dirección, generalmente los estalinistas. Cuando por ejemplo el ejército rojo de Mao Zedong entró en las ciudades, ellos encontraron un vacío. No había manera de avanzar sobre las bases del latifundismo y el capitalismo. Esto se había agudizado por la situación que siguió a la derrota de la revolución china de 1925-27, que había dado lugar a la desmembración completa de China, a su división entre varios jefes militares, y a la intervención del imperialismo.

 

Mao Zedong se equilibró entre diversos s sectores de la sociedad, los campesinos, la clase obrera, y sectores de los capitalistas; y gradualmente expropió el latifundismo y capitalismo. La tierra fue nacionalizada y se asumió el control de la mayor parte de la industria. Pero la democracia obrera como en 1917 en Rusia no existió. Por el contrario desde el principio un estado obrero deformado fue establecido.

 

Así las líneas principales de la teoría de la revolución permanente de Trotsky fueron corroboradas aquí, aunque en una forma caricaturizada. Es verdad que el papel consciente de la clase obrera como líder de la revolución era un ingrediente vital de la teoría de Trotsky y esto estaba ausente en China y en la revolución cubana. Sin embargo, una revolución social había sido realizada, la eliminación del latifundismo y del capitalismo había ocurrido, pero sin la clase obrera desempeñando directamente el rol de dirección. Esto fue solamente posible debido a la peculiar relación de fuerzas mundiales dentro de China e internacionalmente. Una élite bonapartista que se basaba sobre un ejército campesino fue capaz de balancearse entre las clases y dirigir una revolución social. Sin embargo, lo que emergió fue un estado obrero deformado; más que un estado en el cual la clase obrera y el campesinado pobre ejercieran control directo en el manejo de la industria y la sociedad a través de soviets o consejos elegidos democráticamente.

 

En Cuba la revolución se convirtió en una forma algo diferente con el apoyo popular masivo para el gobierno de Fidel Castro y Che Guevara. Sin embargo, incluso aquí no había la democracia obrera de la revolución rusa y, por lo tanto, inevitablemente, casi del principio, una capa burocrática se comenzó a cristalizar, comenzando a concentrar el poder en sus propias manos.

Una situación similar siguió a la victoria de la revolución vietnamita, cuya fuerza principal no era la clase obrera urbana organizada sino el campesinado, la mayoría de la población. La guerra de guerrillas conducida por el Frente Nacional de Liberación fue capaz de derrotar la potencia militar más poderosa del mundo, que representó una victoria para la gente no sólo de Vietnam sino también del mundo neocolonial. Pero, debido a las fuerzas de clase implicadas, el régimen que emergió de la revolución vietnamita, basado sobre el campesinado y con limitaciones nacionalistas, no podía ser un estado obrero sano.

 

Sin una comprensión de la teoría de la revolución permanente de Trotsky, de su método de análisis, los marxistas hoy estarían totalmente perdidos para entender cómo los eventos se han desarrollado en el período post-1945 en el mundo subdesarrollado. Pero no es suficiente simplemente repetir las fórmulas de Trotsky, aplicadas a la revolución rusa. También necesitamos reconocer los cambios en la situación objetiva que se han desarrollado desde entonces. Una nueva situación ahora se ha abierto después del colapso del estalinismo. Es posible ahora que las ideas clásicas de la revolución permanente, con la clase obrera desempeñando el papel principal, se puedan materializar. La situación catastrófica en el mundo neocolonial es demostrada, por ejemplo, por la situación en Venezuela, Ecuador y Bolivia en América latina. En Venezuela un oficial de ejército de la clase media, Hugo Chávez, ha sido empujado a introducir medidas radicales, con una fraseología cada vez más radical. Hasta dónde llegará Chávez depende de un número de factores, especialmente de la situación económica mundial y los efectos sociales en Venezuela y a través de América latina

 

¿Podrá Chávez seguir el camino tomado por Castro hace 41 años y romper con el latifundismo y capitalismo? Esto es una cuestión abierta con la ausencia de un régimen estalinista poderoso en Rusia, que actuaba como depósito de ayuda y como modelo para los estados obreros deformados; que se desarrollaron en el mundo neocolonial. Por una parte, la clase obrera esta frenada por una insuficiente conciencia de la realidad objetiva de sociedades como Venezuela, o está en una camisa de fuerza proporcionada por ex-partidos de trabajadores que se han pasado al mercado. Tomará tiempo y experiencia para que la clase obrera vuelva a reorganizar sus fuerzas y alcance una comprensión completa de la situación que enfrentan. Pero está claro que la teoría de la revolución permanente de Trotsky ofrece una herramienta vital para entender la situación y rearmar políticamente a la clase obrera en estas sociedades.

 

CAPÍTULO 3: LA REVOLUCIÓN TRAICIONADA

 

El análisis de Trotsky sobre el ascenso de la burocracia y la victoria de la contrarrevolución estalinista es uno de los tesoros de la humanidad. Sin esto los marxistas habrían estado andando a tientas en la obscuridad para encontrar un camino para avanzar. En su diario en exilio, Trotsky resumió su contribución en la manera siguiente:

 

“El trabajo en que estoy comprometido ahora, a pesar de su naturaleza extremadamente insuficiente y fragmentaria, es el trabajo más importante de mi vida – más importante que 1917, más importante que el período de la guerra civil o que cualquier otro”

 

“Para mayor claridad lo pondría de esta manera. Si no hubiera estado presente en 1917 en Petersburgo, la revolución de octubre todavía habría ocurrido – a condición de que Lenin estuviera presente y en la dirección. Si ninguno de los dos, Lenin y yo hubiera estado presente en Petersburgo, no habría habido revolución de octubre: la dirección del partido Bolchevique la habría prevenido de ocurrir – de esto no tengo la menor duda. Si Lenin no hubiera estado en Petersburgo, dudo si yo habría podido manejar conquistar la resistencia de los líderes Bolcheviques. La lucha contra el “Trotskismo” (es decir, contra la revolución proletaria) habría comenzado en mayo de 1917, y el resultado de la revolución habría estado en cuestión. Pero repito, garantizada la presencia de Lenin, la revolución de octubre habría sido victoriosa de todos modos. Lo mismo se podría decir de la guerra civil, aunque en su primer período, especialmente a la hora de la caída de Simbirsk y de Kazan, Lenin dudó y fue sitiado por dudas. Pero éste era indudablemente un estado de ánimo pasajero que él incluso probablemente nunca admitió a cualquier persona, solamente a mí”

“Así no puedo hablar de la “indispensabilidad” de mi trabajo, incluso sobre el período a partir de 1917 a 1921. Pero ahora mi trabajo es “indispensable” en el completo sentido de la palabra. No hay arrogancia en esta declaración en absoluto. El colapso de las dos Internacionales ha planteado un problema que ninguno de los líderes de estas Internacionales están en absoluto capacitados para solucionar. Las vicisitudes de mi destino personal me han enfrentado con este problema y me han armado con una experiencia importante para enfrentarlo. Ahora nadie hay excepto yo para realizar la misión de armar una nueva generación con el método revolucionario sobre las cabezas de los líderes de la Segunda y Tercera Internacional”. (Diario en el exilio, pp53-54)

 

No hay un átomo de arrogancia personal, aún menos “pesimismo” en estas líneas. Trotsky era el primer disidente verdadero, junto con el resto de la Oposición de Izquierda, para oponerse al Estalinismo. Ellos eran los firmes defensores de la democracia obrera contra la contrarrevolución estalinista.

 

La lucha entre Trotsky y Stalin no era en absoluto “personal”. En 1937, antes de la investigación de la Comisión Dewey en los juicios de Moscú, Trotsky explicó su rol y el de Stalin: “Ni Stalin ni yo nos encontramos en la actual posición accidentalmente. No creamos estas posiciones. Cada uno de nosotros entra en este drama como representante de ideas y de principios definidos. En su momento, las ideas y los principios no cayeron del cielo, sino que tenían raíces sociales profundas. Por ello es porque uno debe tomar, no la abstracción psicológica de Stalin como “hombre”, sino su personalidad histórica concreta como líder de la burocracia soviética. Uno puede entender los actos de Stalin solamente partiendo de las condiciones de la existencia de un nuevo estrato privilegiado, codicioso por las comodidades materiales, aprensiva por su posición, temerosa de las masas, y con un odio mortal a toda la Oposición”. (de La Biografía incompleta de Stalin de Trotsky).

 

El ascenso de Stalin al poder no fue en absoluto debido a alguna cualidad personal superior, pero estaba con él “la ayuda de una maquinaria impersonal. Y no fue él quien creó la máquina, sino que la maquinaria lo creó a él”.

 

La revolución rusa fue vista por los bolcheviques como preludio a la revolución mundial. Las derrotas y los reveses internacionales, sin embargo, resultaron en su aislamiento. En el aislamiento Rusia nunca estaría lista para el socialismo. Karl Marx enfatizó que el principio del socialismo implica una técnica más alta que el del más alto nivel alcanzado por el capitalismo (en la era moderna eso significa más arriba que los EE.UU. hoy).

 

El aislamiento de la revolución llevó al comienzo de la cristalización de una élite burocrática. Este aislamiento, en primer lugar, se debió al papel de la social democracia que traicionó la revolución en Europa Occidental. Pero tras la muerte de Lenin; Stalin, Zinoviev y Bujarin, en oposición a Trotsky, substituyeron la confianza en el movimiento independiente de la clase obrera y en la paciente construcción de fuertes e independientes partidos comunistas y de líderes, por una política de presión diplomática y de cortejar líderes de izquierda. Esto dio lugar a derrotas que en cambio reforzaron la posición de la burocracia, que apartó gradualmente a la clase obrera a un lado.

 

Éste fue un proceso y no un acto. Había una correlación dialéctica entre el ascenso de los estratos conservadores en la URSS, que actuaba como freno del movimiento de trabajadores internacionalmente y dirigió a derrotas, y al endurecimiento del control de los círculos oficiales privilegiados dentro de la misma Unión Soviética. Inicialmente, Stalin deseaba el éxito de la revolución. Sin embargo, sus propios métodos burocráticos conservadores, tanto políticamente como organizativamente dentro de los partidos comunistas fuera de Rusia, promovieron las derrotas de la clase obrera.

 

“Aislado” y difamado por los recursos enormes de la estalinizada Internacional Comunista (Comintern), Trotsky sin embargo, proporcionó un brillante y oportuno consejo, que de haberse seguido, habría evitado en Alemania, por ejemplo, la victoria catastrófica de los nazis en 1933. Los escritos de Trotsky sobre el fascismo, particularmente su defensa del frente unido de trabajadores, organizaciones para detener el ascenso de Hitler, son una de sus contribuciones más grandes. El estudio de sus escritos en este período, proporcionan la llave para una comprensión del fenómeno del Haiderismo y el Neo-fascismo, incluyendo los peligros y sus debilidades actualmente.

 

Pero con la victoria de Hitler, la consolidación de la burocracia como un estrato conservador (con intereses separados y aparte de las masas de la clase obrera en la URSS e internacionalmente) ocurrió aceleradamente. De desear ver la revolución exitosa internacionalmente, por el tiempo de la revolución española de 1936; las capas dominantes desarrollaron un miedo obsesivo y mortal al triunfo de la revolución en cualquier parte.

La burocracia entendió que la victoria de la revolución social en occidente podría estimular una sublevación de las masas en la Unión Soviética, no contra los logros de la revolución, la economía planificada, pero si contra el elite privilegiada y usurpadora representada por Stalin. Por lo tanto, una guerra civil unilateral fue realizada bajo la forma de juicios y purgas. Esto se ha descrito gráficamente en los libros de Vadim Rogovin, particularmente en 1937, Año del terror de Stalin.

 

El principal demandado en los Juicios de Moscú era el ausente León Trotsky. Incluso al leer los libros de “expertos” de este período de historia, usted no tendría ningún dato de esto. Alexander Solzhenitsyn, por ejemplo, en su supuesta; “historia” del “gulag”, menciona solamente a regañadientes a los trotskistas y nunca indica quien era Trotsky y sus ideas que fueron temidas por Stalin y la burocracia. Eran estas ideas las que estaban en Juicio en Moscú.

Trotsky y los cercanos a él sufrieron la persecución más feroz a manos de la maquinaria asesina de Stalin. Incluso en las fauces de esta maquinaria monstruosa, Trotsky produjo su brillante análisis del estalinismo que, mejor que todo lo demás, previo el futuro de la “USSR” bajo este sistema totalitario. En 1936 él pronosticó dos posibilidades para la URSS: “Una sublevación exitosa de la clase obrera rusa, una revolución política y la restauración de la democracia; o la vuelta del capitalismo con calamitosas consecuencias para las masas de la población”.

 

Esto es lo que él escribió en La Revolución Traicionada: “Un colapso del régimen soviético llevaría inmediatamente al colapso de la economía planificada, y así a la abolición de la propiedad estatal. El enlace de fuerza entre los sindicatos y las fábricas entonces desaparecería. Las empresas más exitosas tendrían éxito en salir al camino de la independencia. Puede ser que se conviertan en compañías de reserva, o podrían encontrar alguna otra forma transitoria de propiedad – una, por ejemplo, en que los trabajadores participarían de las ganancias. Las granjas colectivas se desintegrarían al mismo tiempo, y más fácilmente”.

 

Él entonces escribe: “La caída de la presente dictadura burocrática, si no es reemplazada por un nuevo poder socialista, significaría así una vuelta a las relaciones capitalistas con una declinación catastrófica de la industria y la cultura”.

¿Cuarenta y cuatro años más tarde, en una forma casi químicamente pura, no es acaso esto lo que ha sucedido como resultado del colapso del estalinismo?

 

Debido a este análisis fue que solo los Trotskistas – particularmente los adherentes al Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT/CWI) – quienes entendieron completamente las consecuencias del derrumbamiento del estalinismo, no sólo para la ex Unión Soviética y los países de Europa Oriental, sino que para las relaciones mundiales también. Cuando los capitalistas proyectaban los estándares de vida para las masas de estos países comparables a Alemania o a los EE.UU., nosotros precisamos que ellos serían afortunados si disfrutaban los estándares de vida de América Latina. En verdad, incluso esta perspectiva demostró ser optimista, pues los estándares de vida de las masas se han hundido al nivel de las peores partes del mundo neocolonial. La esperanza de vida de un hombre medio en Rusia está apenas sobre Nigeria pero más baja que Filipinas y en el nivel de la India.

 

CAPÍTULO 4: UN SISTEMA DE CRISIS

 

Un ingrediente vital para la vuelta al capitalismo en la ex URSS y Europa Oriental fue el “boom” mundial de los años 80. Esto fue un proceso económico muy desigual con el desarrollo de las fuerzas productivas, de la ciencia, de la técnica y de la organización del trabajo, no suponiendo las formas que tuvo en el “boom largo” de 1950-75. Fue acompañado por una polarización enorme de la riqueza y el mantenimiento obstinado del desempleo que significó la incapacidad del capitalismo para utilizar completamente las fuerzas productivas, particularmente el trabajo de la clase obrera, la más importante fuerza productiva.

 

Sin embargo, los ideólogos capitalistas fueron cautivados por la combinación del colapso en Europa Oriental y los “fuegos artificiales” económicos que siguieron a la recesión en el principio de los 90. Un nuevo “paradigma”, una “nueva economía”, una nueva y duradera era de prosperidad que superaría todos los problemas de su sistema: ésta era la contraseña de la mayoría de los economistas del capitalismo, justo en el principio del nuevo siglo.

 

No es la primera vez que hemos visto a los voceros y estrategas del capital demostrando su empirismo e ilusiones sobre su sistema. De hecho, es una característica inevitable de cualquier auge o mejoría en la producción. Y no somos los primeros en la historia en haber contestado a estos argumentos relacionando las proposiciones básicas del análisis de Marx del funcionamiento del sistema capitalista; a las nuevas características y nuevos desarrollos que existen bajo el capitalismo. Marx mismo precisó que el capitalismo es incapaz de desarrollar su capacidad máxima debido a las limitaciones de la propiedad privada de los medios de producción y de los límites estrechos de la nación estado. Era y es un sistema de auges y de depresiones.

 

Trotsky, en un período que tiene algunos paralelos a la situación que enfrentaremos en la próxima era, defendió el análisis económico básico de Marx en el contexto de los años 30. Esto fue resumido en su pequeño y brillante folleto, Marxismo y Nuestra Época. Concebido originalmente como introducción al resumen de Otto Ruhle del primer volumen del Capital, Los Pensamientos Vivos de Karl Marx, proporciona una comprensión más moderna de los procesos que se desarrollan en el mundo capitalista del mundo hoy y, particularmente, de aquellos procesos que se desarrollarán a continuación de la siguiente recesión o depresión mundial que viene.

 

Trotsky precisa que la contradicción básica del capitalismo es que la clase obrera no puede comprar para sí el producto completo de su trabajo, porque ellos reciben solamente una parte de este bajo la forma de salarios. Sin embargo, el capitalismo supera esta contradicción reinvirtiendo el exceso nuevamente en la industria. Pero esto, en cambio, lleva a una producción mayor de mercancías que la clase obrera en cierta etapa es incapaz de readquirir. Los economistas capitalistas discuten esto incluso, como Trotsky precisó, en auges de breve duración, tales como el auge 1924-29 en Alemania, cuando Werner Sombat proclamó que el capitalismo había superado sus contradicciones (en la víspera del desplome de Wall Street en 1929).

 

Los Sombats modernos, son aquellos como Hamish McCrae, corresponsal de economía de The Independent. Él oscila entre el miedo de la recesión que viene y silbando en la oscuridad para mantener sus espíritus, proclamando que los métodos del capitalismo “justo a tiempo” han eliminado los stocks de reserva y, por lo tanto, el problema de una futura “abundancia” de mercancías, que vimos tan recientemente en la crisis del Sureste asiático. Incluso si Mc Crae está en lo cierto, sin embargo, en vez de la superproducción masiva, el exceso de capacidad crecerá. Así, el capitalismo solamente puede continuar funcionando en base a dejar el 10% o 20% de su producción inactiva. Es un sistema basado sobre la producción para el beneficio y no para la necesidad social. El ciclo de crecimiento de los años 90 fue el más débil desde 1945.

 

Por otra parte, en este auge el capitalismo no ha superado sus contradicciones de clase; de hecho, los ha intensificado, como se resalta en los reportes diarios de la prensa capitalista. Hay al menos mil millones de personas pobres en el planeta que reciben cada año tanto como 600 hombres y mujeres que dominan las firmas capitalistas de monopolios de occidente. La división entre ricos y pobres ha aumentado exponencialmente, no solo entre el mundo industrial avanzado y el mundo neocolonial; sino que también dentro de los llamados países “ricos”. La mitad del uno por ciento de la población de los EE.UU. posee tanto como el 90% inferior. En los EE.UU., el modelo del llamado nuevo “paradigma económico”; 50 millones de trabajadores están peor que hace 20 años, mientras que los estándares de vida del 80% apenas se han mantenido. Una colosal riqueza está siendo nata para los capitalistas mientras que, en ciudades como Minneapolis, existe la “profunda vergüenza” (The Mirror) de que 10 mil platos de comida a la semana se están sirviendo en las calles.

 

Pero este boom va a venir agitando hasta detenerse en el período próximo. Y cuando esto ocurra la consecuencia del papel parásito del capitalismo moderno, quedara al desnudo. En anticipación a esto Alan Kennedy, un consultor en administración de empresas capitalistas, ha publicado un llamado a los capitalistas de los EE.UU. en un nuevo libro, El Fin del Valor Accionista. Él precisa que “las compañías de EE.UU. han hipotecado el futuro en búsqueda de la ganancia financiera de corto plazo por los accionistas”.

El uso de stock options (opciones de compra de acciones), enorme codicia en la administración de altos ejecutivos, es uno de los escándalos de la última década. Esto ha sido acompañado por una masiva reducción y reestructuración, eufemísticamente llamada “ingeniería financiera”. Cuando se cuestionaron las consecuencias de largo plazo de su gangsterismo financiero, un representante de la nueva casta de ejecutivos capitalistas declaró a Kennedy: “¿Por qué…debemos tener cuidado?, Nos iremos antes que cualquiera nos encuentre”.

 

Y este saqueo financiero no se restringe a los ejecutivos sino que va al corazón de los métodos del capitalismo monopólico moderno. Por ejemplo, General Electric es una de las más grandes empresas manufactureras de los EE.UU. No obstante, 30 billones de dólares han sido utilizados por esta compañía especulando en “share buy-backs”, recomprando acciones. El parasitismo del capitalismo, Kennedy cree, está profundamente arraigado. ¿Cuál es su solución? “En un mundo ideal, debemos corregir los abusos a través de la regulación. Desafortunadamente, no creo que nada menor a un crash importante hará que la gente retroceda y que mire claramente a donde ir si todo ha salido mal”.

 

Pero será la clase obrera de los EE.UU. y de todo el mundo quién pagará por los crímenes del capitalismo moderno. En la recesión o depresión que asoma, todos los mitos sobre el papel de la “tecnología” moderna para garantizar un mundo libre de la recesión o de depresión será revelada. Los marxistas, por supuesto, han reconocido que la tecnología ha desempeñado un rol en ciertas industrias. Pero su efecto ha sido intensivo en la tecnología de la información y algunas industrias; y para nada similar, como en períodos anteriores, extensivos en fomentar un desarrollo amplio de las fuerzas productivas.

Por otra parte, una de las paradojas de esta sociedad, analizada otra vez por Trotsky, es que cuanto mayor es el avance tecnológico mayor es la intensificación del trabajo para la clase obrera, mayor es la explotación, mayor es el stress, el sufrimiento y la depresión, que es una enfermedad del mundo actual.

 

Tony Blair quiere imponer el “modelo anglosajón” de los EE.UU. en Europa y el mundo. Esto convertirá a la clase obrera en esclavos, cuyo único fin será producir beneficios, plusvalía, para los capitalistas. Sin embargo, condiciones semejantes producirán resultados similares. El periódico The Observer, comentando sobre el nuevo milenio, advirtió a los capitalistas que las condiciones que existen hoy son similares a las de fines del siglo diecinueve o de principios del siglo veinte.

 

No es ningún accidente que poderosos movimientos socialistas y comunistas surgieron en este período. Así también la clase obrera se reanimará y se moverá a la acción en el período próximo. Pero ellos enfrentarán no solo el capitalismo y sus partidos, sino los líderes de organizaciones, los sindicatos y los ex partidos de trabajadores que, en el pasado, pretendieron representarlos.

 

Ahora nos enfrentamos con masivas presiones desde abajo por movilización entre profesores en Gran Bretaña, Francia y España, que es frustrada por una dirección sindical autosatisfecha e indulgente. Esto ha dado lugar a que los profesores en España marcharan furiosos en contra de la traición de los líderes de Comisiones Obreras (ex partido comunista), gritando: “Queremos nuestros propios sindicatos”.

 

 

Los capitalistas fingen que la clase obrera es impotente contra la globalización. Pero como las demostraciones contra la Organización Mundial de Comercio (OMC), los llamados “disturbios” en Londres en junio de 1999; y las nuevas protestas este año demuestran, este no es el caso. En esta etapa, estas demostraciones involucran nuevas capas de juventud así como de la clase obrera. Los batallones pesados del proletariado no se han movido hasta ahora. Pero los acontecimientos, inminentes y poderosos acontecimientos futuros los forzarán a la acción. Una recesión o una depresión seria darán lugar a furiosas batallas defensivas de la clase obrera.

 

CAPÍTULO 5: PREPARACIÓN PARA UNA NUEVA ERA

 

El efecto más importante de una nueva recesión o depresión será político. Nuevos y furiosos estallidos de la lucha de clases significarán saltos fundamentales en la conciencia. Una consecuencia del colapso del estalinismo y de la ofensiva ideológica masiva que lo siguió, fue el desaliento y derrota de las capas más avanzadas de la clase obrera. Sin embargo, una de las consecuencias de las convulsiones económicas que vienen que enfrenta el capitalismo mundial, será la aparición de una nueva generación, particularmente de las capas más avanzadas, que no estarán satisfechas con una receta de agitación o de propaganda solamente. Ellos buscarán una explicación, generalizaciones históricas, y las conclusiones de la experiencia de la clase obrera, para forjar nuevas armas para la lucha que viene. Ellos encontrarán una enorme ayuda para esta tarea en los escritos y discursos de León Trotsky.

 

Por supuesto, Trotsky escribió y trabajó en una era histórica diferente a la nuestra. Algunos de los temas que se vio obligado a tratar ya no son urgentes para la clase obrera. Usted encontrará en sus escrituras esta o aquella expresión anticuada, o una idea que no parezca inmediatamente relevante en nuestro mundo actual. Sin embargo, una cantidad asombrosa de lo que Trotsky escribió es extremadamente pertinente, mil veces más relevante para los trabajadores que buscan una explicación seria de los fenómenos económicos, políticos e incluso históricos; más relevante que todo lo demás en oferta.

 

Su libro, ¿A dónde va Gran Bretaña?, no ha sido igualado por su amplio análisis histórico y su descripción del movimiento obrero de aquel tiempo. Los caracteres han cambiado, la fuerza y debilidades del movimiento de trabajadores también han cambiado. Pero en una línea o párrafo de este libro hay más verdad sobre la realidad de Gran Bretaña hoy que los millones de palabras que han salido de las bocas de líderes Laboristas, historiadores y de los supuestos “expertos” sobre el movimiento obrero. Tomemos, por ejemplo, el capítulo que se ocupa de la guerra civil inglesa. Se contiene aquí en este núcleo, virtualmente un esquema completo de los procesos de la guerra civil inglesa y de sus conexiones a la Gran Bretaña moderna.

 

Las maravillosas líneas de Trotsky sobre el Cartismo también dicen virtualmente todo que necesita ser dicho, y proporcionaría una vena rica sobre la cual los eruditos socialistas y marxistas serios podrían escribir una historia digna de nuestro pasado revolucionario, que nos prepararía para las luchas que vienen. Después de todo, en la experiencia de los duros diez años de Cartismo estaban todos los elementos, desde las peticiones pacíficas… hasta la huelga general revolucionaria, que se han discutido en los últimos 50 años en el movimiento obrero británico. Por otra parte, éstos son los temas que volverán con los acontecimientos convulsivos que se aproximan.

 

Trotsky nunca tuvo algún fetiche sobre formas de organización. Él también se opuso al ultra izquierdismo y oportunismo. Sus ideas nunca eran para la sala de reunión solamente, sino que eran la preparación para intervenir dondequiera que la clase obrera estuviera y para ganarla a las ideas socialistas y marxistas.

 

Siguiendo los consejos de Trotsky, los miembros y partidarios de Militant (ahora el Partido Socialista) trabajaron pacientemente dentro del Partido Laborista en Gran Bretaña. El Partido Laborista, como sus aliados internacionalmente, tenía un carácter dual. Los sectarios de todo tipo debatieron esto. Ellos tomaron la frase de Lenin que el Partido Laborista era un “partido obrero burgués” y dando vuelta la espalda al Partido Laborista y sus partidarios, se orientaron a la base de la clase obrera. No había un átomo de análisis dialéctico en esta aproximación. Es cierto que desde un principio, el Partido Laborista tenía líderes “burgueses” en el sentido que incluso los que declaraban ser “socialistas” no estaban preparados en última instancia para ir más allá del marco del capitalismo. Sin embargo, en su base el Partido Laborista era percibido por los trabajadores como “su” partido y su creación fue un paso adelante desde un punto de vista de clase para el proletariado en Gran Bretaña. Por otra parte, este poseía características democráticas que permitieron a los marxistas intervenir, en el caso de Militant, con gran éxito. Podíamos conectar las ideas de Trotsky con la juventud y los trabajadores.

 

Militant fue la organización trotskista más exitosa desde la oposición izquierda en toda Europa occidental. Decenas de miles, quizás cientos de miles de trabajadores fueron introducidos a las ideas básicas de Trotsky a través del trabajo de nuestra organización (ahora Partido Socialista). En Liverpool entre 1983-87 creamos un movimiento de masas que sacudió a la clase dominante. Iniciamos y lideramos la poderosa batalla anti-poll tax, (nota: impuesto abusivo impulsado por el gobierno) con 34 de nuestros camaradas encarcelados, que terminó en la derrota del impuesto y el envío de Thatcher al montón de desperdicios de la historia. Ningún otro partido trotskista en el mundo industrializado avanzado podría reclamar tal logro.

 

Pero la prueba de todas las ideas, como con Trotsky mismo en los años 30, no es solo cómo aprovechar un alza en la lucha de clases, sino cómo preservar las ideas y fuerzas del marxismo en un período de estancamiento y de retraso. El CIT (Comité por una Internacional de Trabajadores), con más de 40 secciones bajo su bandera por todo el mundo, ha logrado alcanzar esta difícil tarea en la década que siguió al colapso del estalinismo. Ninguna otra organización puede rivalizar el análisis que hemos hecho de las causas del derrumbamiento de las economías planificadas de Europa Oriental, del estalinismo, y de la nueva relación de fuerzas a nivel mundial.

 

Mientras que tenazmente se defienden y desarrollan las ideas de Trotsky, también en este período iniciamos el movimiento de masas alrededor de Jóvenes contra el Racismo en Europa, contra el fascismo desde inicios de los 90 hasta hoy. Intervinimos y lideramos con éxito el movimiento en Austria contra Haider. En 1997 también vimos la elección de Joe Higgins como miembro del parlamento irlandés (TD), siguiendo la lucha de masas contra los impuestos del agua que iniciamos.

 

Mientras que otros, en realidad, han abandonado a Trotsky como irrelevante en el “mundo moderno”, nosotros apreciamos que sus ideas y métodos son fundamentales, de hecho más vitales para las luchas que se están abriendo.

 

Trotsky mismo comentó una vez que en un nuevo mundo socialista, la inteligencia promedio sería la de un “Beethoven, un Van Gogh, un Marx o Lenin” y, más allá de esto, las nuevas cumbres de la grandeza humana surgirían. Tendríamos que decir hoy que en el panteón de los “grandes” del movimiento obrero mundial, León Trotsky se ubica junto a Marx, a Engels y a Lenin. Una nueva generación de trabajadores que se movilizarán a luchar construirá un monumento a Trotsky, no piedra, sino que un movimiento socialista y revolucionario de masas.

 

El nuevo y cambiante período permitirá al Marxismo volver a conectarse a la clase obrera, en primer lugar, a su capa más avanzada, que proporcionará la columna vertebral para la creación de nuevas fuerzas de masas. La clase obrera en Gran Bretaña, por primera vez en 100 años, en un sentido masivo ha sido políticamente descabezada por el movimiento del Nuevo Laborismo a una posición análoga a la del Partido Demócrata en los EE.UU. Esta es la razón por la cual el Partido Socialista llama por la creación de un nuevo partido de trabajadores de masas en Gran Bretaña, mientras al mismo tiempo intenta construir sus propias fuerzas dentro del movimiento de la clase obrera.

 

Saludamos a Trotsky como un gran teórico y líder de la clase trabajadora pero no aclamamos simplemente a los líderes pasados. Es necesario para nosotros, particularmente para la nueva generación de trabajadores, estudiar los escritos de León Trotsky junto a los de Marx, Engels, Lenin y de Rosa Luxemburgo pero, sobre todo, intentar adquirir su método que nos permitirá crear una fuerza marxista de masas que erradicará del planeta el flagelo del capitalismo y todo lo que va con él.

 

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