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Engels sobre los orígenes de la opresión de la mujer y su relevancia en las luchas de hoy en día

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Continuando con nuestra serie de artículos en conmemoración de los 200 años del nacimiento de Friedrich Engels, nos fijamos en la relevancia de su importante trabajo, «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado», y en la lucha actual para acabar con la desigualdad y la opresión de la mujer.

 

Christine Thomas

Comité por una Internacional de los Trabajadores

www.socialistworld.net

 

La pandemia de Covid ha expuesto todas las desigualdades existentes en la sociedad, y luego las ha magnificado. Esto incluye la desigualdad de género que enfrentan las mujeres. Las mujeres tienen una probabilidad una vez y media mayor que los hombres de haber perdido sus trabajos, haber sido despedidas o cesadas, y tienen un 50% más de probabilidades de que les hayan recortado las horas de trabajo.

El Covid también ha arrojado luz sobre otra pandemia: el flagelo de la violencia y el abuso domésticos. Al comienzo del primer confinamiento, el número de mujeres asesinadas por parejas o ex parejas violentas aumentó de un promedio de dos por semana, a cinco por semana. Las llamadas a líneas de ayuda y las búsquedas en sitios web que ofrecen ayuda a las mujeres que sufren violencia doméstica se han disparado.

Todo esto se ha visto exacerbado por la desesperada escasez de camas en las residencias sanitarias, causada por años de austeridad. Y ahora, con un número cada vez mayor de mujeres que pierden su trabajo, escapar de la violencia se hace cada vez más difícil, poniendo vidas en peligro.

 

Desventaja

Básicamente, las mujeres en general y las mujeres de la clase trabajadora en particular, entraron en esta pandemia, social y económicamente desfavorecidas y es probable que salgan de ella aún más. Las ideas de Engels ayudan a explicar por qué es así y, lo más importante, qué podemos hacer al respecto.

El «Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado», publicado en 1884, fue la principal contribución de Engels sobre este tema. Demostró que la condición de segunda clase de la mujer en la sociedad, la desigualdad, la discriminación y la opresión que enfrentamos, no siempre ha existido.

A finales del siglo XIX esto era una cuestión explosiva. En ese momento, el estatus inferior de las mujeres se consideraba «natural», explicado por su biología o «la voluntad de Dios», y absolutamente necesario para mantener la estabilidad social. Al mismo tiempo, la familia patriarcal, con un hombre como sostén de la familia y una esposa económicamente dependiente en la esfera doméstica que daba a luz y criaba a los hijos, era una institución central y fundamental del capitalismo, y desafiar su universalidad era desafiar todo el tejido de la sociedad.

Por supuesto, el libro de Engels debe ser visto en el contexto de la época en que fue escrito, y en conjunto con material más actualizado. Pero las ideas generales que esbozó sobre la opresión de la mujer siguen siendo pertinentes hoy en día, y siguen siendo igual de explosivas.

Explicó que la desigualdad de género, la discriminación y la opresión están arraigadas en la sociedad de clases, en el surgimiento de sociedades en las que una pequeña minoría, una clase explotadora, posee los medios para producir riqueza en la sociedad y explota a la clase que realmente la produce.

Antes de eso, en las sociedades pre clasistas, la gente vivía en sociedades comunales, cooperativas e igualitarias en las que la principal unidad social no era la familia nuclear como la conocemos hoy en día, sino un grupo de parentesco – que Engels llamó «gens» – que hoy en día se denominan generalmente sociedades de cazadores-recolectores, basándose en cómo se ganaban la vida.

En estas sociedades, en las que los humanos vivieron durante el 99% del tiempo que hemos estado en el planeta, no había propiedad privada de los medios de producción de riqueza, ni clases ni explotación, ni aparato estatal ni opresión sistemática de las mujeres.

Aunque Engels se equivocó en algunos detalles, debido a la escasa evidencia antropológica y científica disponible en ese momento, la evidencia que ha salido a la luz desde entonces respalda el impulso general de sus ideas.

 

Las sociedades pre clasistas

Había una división del trabajo por género en las sociedades pre clasistas, aunque no era necesariamente rígida. En general, los hombres solían ser responsables de la caza y la pesca, y las mujeres de la recolección de alimentos silvestres y el cuidado de los niños. Pero esto no resultaba en ninguna desventaja económica o social. La contribución económica de las mujeres y los hombres era vital para el mantenimiento del grupo. El cuidado de los niños era una responsabilidad pública llevada a cabo en nombre del grupo en su conjunto.

Esto era muy diferente de la situación actual. Una de las principales razones por las que las mujeres están sufriendo mucho más durante la pandemia en términos de pérdida de puestos de trabajo, y de reducción de salarios y horas, es porque se concentran en los trabajos mal pagados, a tiempo parcial y a menudo precarios en el comercio minorista y la hotelería, que han sido los más afectados por los cierres y las consecuencias económicas de Covid. Y la principal razón por la que se concentran en ese tipo de trabajos es que suelen ser los principales cuidadores de los niños de la familia.

Durante la primera cuarentena, las mujeres eran responsables del 70% de la educación en el hogar. En un tercio de los casos en que las mujeres han perdido sus trabajos o se les han recortado las horas, ha sido porque no han podido acceder a la atención infantil que necesitan. El Covid ha convertido la actual escasez de guarderías infantiles asequibles en un desastre, especialmente para las mujeres de la clase trabajadora, que sólo puede resolverse llevando la prestación de servicios de guardería al sector público, gestionado democráticamente por los proveedores y usuarios de servicios.

Engels escribió que la situación de la mujer cambió drásticamente tras una revolución económica en la que algunas sociedades de cazadores-recolectores descubrieron cómo domesticar animales y cultivar cosechas. Esto desencadenó procesos económicos y sociales que, en algunas sociedades, a lo largo de miles de años, condujeron al desarrollo de una clase económicamente explotadora que extraía el excedente de producción del trabajo de otros y lo expropiaba para sí misma. También se creó un aparato estatal especial para asegurar que la clase explotada siguiera produciendo y se mantuviera bajo control.

Como parte intrínseca de estos procesos, el hogar individual, o la familia, reemplazaba al grupo de parentesco comunal como la principal unidad económica de la sociedad. Al mismo tiempo, las mujeres de la clase dirigente se convirtieron literalmente en propiedad privada de los hombres dentro de la familia.

 

Riqueza y propiedad

A fin de asegurar que sus bienes y la riqueza acumulada pudieran ser transmitidos a los herederos legítimos, la sexualidad y la reproducción de las mujeres de la clase dominante quedaban bajo la autoridad y el control de los maridos y los padres, incluso mediante el uso de la violencia y el castigo físico. Y, a medida que se desarrolló el aparato estatal, el sistema legal, la religión, la educación y la ideología sirvieron en general para legitimar y reforzar la condición inferior y de segunda clase de las mujeres y negarles los derechos básicos.

Esta es la base histórica de toda la desigualdad, discriminación y opresión que las mujeres siguen enfrentando hoy en día. Está en la raíz de la violencia y el abuso domésticos, la violación, el acoso sexual, el doble estándar y la estereotipación de los roles y comportamientos masculinos y femeninos, y el sexismo en general.

Muchas feministas creen que la principal causa de la opresión de la mujer es el patriarcado, pero Engels demostró que no existe una estructura de patriarcado separada de la sociedad de clases. La opresión de la mujer y la sociedad de clases surgieron juntas como parte del mismo proceso – estaban intrincablemente unidas entonces, y todavía lo están bajo el capitalismo hoy en día.

Por lo tanto, la opresión de género, explicó Engels, sólo puede ser eliminada poniendo fin a la sociedad de clases – una transformación fundamental en la forma en que la sociedad está estructurada, organizada y dirigida. Hoy en día, esto significaría pasar de una economía basada en la propiedad privada de los medios de producción de riqueza por parte de un pequeño grupo de capitalistas super ricos interesados sólo en obtener ganancias, a una en la que las principales industrias sean de propiedad pública, y dirigidas y planificadas democráticamente por la clase trabajadora.

De esta forma, sería posible liberar inmediatamente los recursos para cambiar la situación económica y material de las mujeres. Se garantizaría a todos un trabajo con un salario decente, lo que significaría que las mujeres tendrían una verdadera independencia económica.

Sería posible hacer lo que Engels planteó en el «Origen de la familia»: socializar el trabajo no remunerado de las mujeres en la familia por parte del Estado, proporcionando guarderías infantiles flexibles y de calidad, atención social, restaurantes comunitarios asequibles, viviendas asequibles, cosas que transformarían totalmente la vida de las mujeres en general y de las mujeres de la clase trabajadora en particular.

Añadimos que poner fin a la desigualdad de género en la familia y en el lugar de trabajo también sentaría las bases para eliminar la violencia de género y la opresión sexual y cultural a la que se enfrentan las mujeres.

Los valores de la sociedad cambiarían. El capitalismo es un sistema basado en la desigualdad de la riqueza, las jerarquías de poder y la competencia. La clase capitalista está dispuesta a recurrir al uso de la fuerza y la violencia para defender sus intereses y el control cuando sea necesario – contra los huelguistas, los manifestantes y en las guerras. Esos valores tienen un impacto más amplio en la sociedad y afectan a la forma en que nos relacionamos.

Un sistema socialista se basaría en la cooperación y la solidaridad, y esos valores se reflejarían en las relaciones personales y en la cultura, al igual que en las sociedades pre clasistas.

Y, por supuesto, ya no habría medios de comunicación privados, ni industrias de belleza, moda y ocio, ni todas las demás industrias que convierten el cuerpo de la mujer en una mercancía para obtener beneficios y promover expectativas y normas estereotipadas sobre cómo deben verse y comportarse las mujeres y los hombres.

Poner fin a la opresión

Si eliminamos todas esas cosas, y al mismo tiempo iniciamos un programa de concientización y educación, entonces se podría poner fin a toda la opresión de género con el tiempo.

Engels esbozó los orígenes de la opresión de la mujer y lo que sería necesario para ponerle fin – una revolución socialista dirigida por una clase obrera unida. Sus ideas generales siguen siendo una parte vital del programa y la estrategia que defendemos en nuestra lucha para poner fin al capitalismo y a todas las formas de explotación, desigualdad y opresión.

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