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18 de Octubre: La Revolución inconclusa

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¿Qué queda del levantamiento popular del 18 octubre?

A cuatro años del estallido social en Chile, cuando se enarbolaron las banderas de la DIGNIDAD, basta de abusos, NO +AFP, Nueva Constitución, Educación gratuita, Pensiones dignas.

En aquellos días un nuevo Chile se asomó por la ventana del neoliberalismo y entre le élite cundió el pánico, solo dos semanas antes los dirigentes políticos de todos los partidos, aseguraban que no se podía cambiar nada, la derecha decía que modificar el modelo nos llevaría a la ruina, la seudo izquierda argumentaba que la derecha obstruía los cambios y años antes un conocido dirigente del partido socialista decía “Pensar en una asamblea constituyente, es fumar opio”. Así las cosas, Chile llegó al día en que se decidió subir el pasaje del metro en treinta pesos y fue la gota que rebalsó el vaso.

Encabezado por los estudiantes secundarios, saltando los torniquetes del metro, la terrible represión que se desplegó contra ellos por parte de carabineros, el movimiento rápidamente se propagó por las comunas primeros, luego la ciudad y a Chile entero.

La revolución había comenzado, el gobierno dijo “Estamos en guerra contra un enemigo implacable” y decretó estado de sitio con toque de queda.

El país volvió a estar controlado por militares en las calles, pero la juventud no era la misma y el toque de queda no surtió ningún efecto, los militares eran increpados en las calles, los partidos con representación parlamentaria, tanto de derechas como de “izquierdas” ahora sí estaban de acuerdo en que todo se podía cambiar, al calor de un país incendiado con marchas multitudinarias en las calles desde Arica a Punta Arenas, la élite asustada frente a lo que ocurria, prometía cambios, nueva constitución, alza del salario mínimo, Lucksic declaró que el salario mínimo debía ser de quinientos mil pesos, como por arte de magía ahora sí, se podía hacer todos los cambios negados por años.

Mientras las multitudes se manifestaban al calor de la consigna “El pueblo unido marcha sin partido” los partidos políticos se encerraban a media noche en el ex congreso de Santiago incluyendo al único representante del Frente Amplio que se prestó para negociar el llamado “Acuerdo por la paz”. Un acuerdo hecho a espaldas del pueblo, entre cuatro paredes y sabiendo que la revolución no tenía conductor, apelando al desgaste del movimiento, fueron tejiendo una maraña de reglamento para conducir el proceso de cambios dentro de la institucionalidad.

La historia ya la sabemos, el proceso constitucional lleno de limites terminó en fracaso, tras una feroz campaña del terror de la derecha usando todos los medios de comunicación a su favor y con un timorato actuar del “progresismo” para llevar adelante los cambios.

Hoy día a cuatro años del estallido, la pregunta cobra más vigencia que nunca

¿Qué queda del estallido?

Podemos decir que queda muy poco de la energía desplegada en aquellos días.

La ultra derecha usando un discurso facilista de seguridad y libertad de elección, ha logrado movilizar el voto de una masa apolítica, que no participa, una masa de un atraso político brutal y junto a la derechización del gobierno ha logrado capturar el nuevo proceso constituyente.

De la promesa Fin a las AFP, llegamos a una reforma que no solo las mantiene, sino que además le dará más recursos.

El fin a las deudas del CAE, se diluyó en una malograda reforma tributaria.

El TPP11 terminó por ser firmado por Boric

La reestructuración de carabineros quedó olvidada en el baúl de los recuerdos y la constitución de la dictadura cívico militar siguen vigente.

Lo único que se mantiene totalmente vigente desde aquel 18 de octubre, son los problemas que lo originaron.

Una justicia clasista que favorece a los poderosos

Aún quedan jóvenes encarcelados

Las deudas del CAE

Hoy estamos en un periodo de reflujo, pero la revolución no ha sido derrotada, solo es cuestión de tiempo para volver a levantar las banderas.

 

La experiencia ha demostrado con claridad que ninguna revolución puede triunfar, por más heroica que sea la lucha, si no cuenta con una organización que le de conducción, un partido revolucionario que, con un programa claro, sepa llevarla al triunfo y a la toma del poder por parte de la clase trabajadora.

Es la tarea inmensa que tenemos por delante, la lección más importante que debemos aprender de nuestra revolución inconclusa.

Comité por una Internacional de los Trabajadores

CWI – CIT CHILE.

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