por Jano Ramírez
En cuestión de horas, el Estado chileno volvió a mostrar su verdadero rostro. Mientras el Poder Judicial absolvía a Claudio Crespo, símbolo de la represión y las mutilaciones durante el estallido social, los grandes medios desplegaban una ofensiva comunicacional sincronizada para instalar la culpabilidad de los hijos de Julia Chuñil Catricura, defensora ambiental mapuche desaparecida.
No se trata de coincidencias. Se trata de un patrón histórico.
El mismo aparato judicial que garantiza impunidad a agentes del Estado, el mismo que aplica la ley penal más favorable cuando se trata de represores, actúa con una vara completamente distinta cuando los acusados son mapuche, pobres y organizados. Y los medios de comunicación hegemónicos cumplen un rol clave, condenar antes del juicio, construir sospecha, instalar sentido común punitivo y racista.
Medios que no informan, operan
Titulares como “quiebre del pacto familiar”, “hallazgo de carnet” o “testigos protegidos” no buscan informar, sino sugerir culpabilidad sin pruebas, erosionar la solidaridad y justificar la persecución. No hay peritajes concluyentes, no hay evidencia material sólida, pero sí hay horas de pantalla, filtraciones interesadas y relatos emocionalmente cargados.
Esto no es periodismo.
Es violencia simbólica, es criminalización mediática, es racismo de clase.
Ya lo vimos antes. El Caso Huracán quedó grabado en la memoria colectiva, pruebas falsas, testigos inventados, unanimidad mediática… y luego, el montaje se derrumbó. Nadie pidió disculpas. Nadie asumió responsabilidades. Hoy pretenden que olvidemos esa historia y que confiemos, otra vez, en los mismos actores.
Un Poder Judicial al servicio del orden
El Poder Judicial no es un árbitro neutral. Es parte del Estado y opera dentro de una estructura de clase. Cuando hay intereses empresariales, conflicto territorial y defensa del medioambiente, la balanza se inclina siempre hacia el mismo lado.
Julia Chuñil fue amenazada. El Estado no la protegió.
Julia Chuñil desapareció. El Estado no la buscó con diligencia.
Su familia exigió verdad y justicia. El Estado la persigue.
Esa secuencia no es un error, es una decisión política.
Mientras un empresario señalado públicamente goza de impunidad, una familia mapuche es allanada, expuesta, formalizada y condenada por televisión. Eso no es justicia, es disciplinamiento social.
La “verdad” como relación de poder
Gramsci lo explicó con claridad, la verdad que se impone no es la más justa, sino la que logra hegemonía. Hoy, Fiscalía, Poder Judicial y medios actúan como un solo bloque para cerrar el caso rápidamente, despolitizar el conflicto territorial y desactivar la solidaridad.
Por eso nuestra posición no depende de filtraciones, formalizaciones ni titulares. Nuestra denuncia es política e histórica. Sabemos cómo opera el Estado chileno frente al pueblo mapuche. despojo, represión, montaje y criminalización.
No dudar ni vacilar
Exigir libertad inmediata para la familia de Julia Chuñil, denunciar el montaje judicial y mediático, y señalar la responsabilidad del Estado de Chile no es un acto de fe, es un acto de memoria política.
Cuando absuelven a represores y criminalizan familias mapuche, el mensaje es claro.
La justicia es de clase, y los medios son parte del aparato de dominación.
Frente a eso, no cabe duda ni neutralidad.
Cabe organización, denuncia y lucha.
Fin a los montajes. !!
Libertad a la familia de Julia Chuñil. !!
Ninguna confianza en la justicia de clase. !!


















