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La Revolución y su lugar en la Historia

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Para terminar, tratemos de fijar el lugar de la Revolución de Octubre no solamente en la historia de Rusia, sino también en la historia del mundo.

Durante el año 1917, en el intervalo de ocho meses, dos curvas históricas convergen. La Revolución de Febrero –este eco tardío de las grandes luchas que se desarrollaron en los siglos pasados sobre el territorio de los Países Bajos, Inglaterra, Francia, casi toda la Europa continental– se une a la serie de las revoluciones burguesas. La Revolución de Octubre proclama y abre la dominación del proletariado. Es el capitalismo mundial quien sufre, sobre el territorio de Rusia, su primera gran derrota. La cadena se rompió por el eslabón más débil. Pero es la cadena, y no solamente el eslabón, lo que se rompió.

 

El capitalismo como sistema mundial se sobrevive históricamente. Ha terminado de cumplir su misión esencial: la elevación de la potencia y la riqueza humana. La humanidad no puede estancarse en el peldaño alcanzado. Sólo un poderoso empuje de las fuerzas productivas y una organización justa, planificada, es decir, socialista, de producción y distribución, puede asegurar a los hombres –a todos los hombres– un nivel de vida digno y conferirles al mismo tiempo el sentimiento precioso de la libertad frente a su propia economía. La libertad bajo dos tipos de relaciones: en primer lugar, el hombre no se verá ya obligado a consagrar su vida entera al trabajo físico. En segundo lugar, ya no dependerá de las leyes del mercado, es decir, de las fuerzas ciegas y oscuras que se edifican sobre sus espaldas. Edificará libremente su economía, es decir, según un plan, compás en mano. Esta vez, se trata de radiografiar la anatomía de la sociedad, de descubrir todos sus secretos y de someter todas sus funciones a la razón y a la voluntad del hombre colectivo. En este sentido, el socialismo debe convertirse en una nueva etapa en el crecimiento histórico de la humanidad. A nuestro ancestro que se armó por primera vez de un hacha de piedra, toda la naturaleza se le presentó como la conjuración de una potencia misteriosa y hostil. Más tarde, las ciencias naturales, en estrecha colaboración con la tecnología práctica, iluminaron la naturaleza hasta en sus oscuridades más profundas. Por medio de la energía eléctrica, el físico pronuncia ahora su juicio sobre el núcleo atómico. No está lejos la hora en que –como en un juego– la ciencia resolverá la quimera de la alquimia, transformando el estiércol en oro y el oro en estiércol. Allá donde los demonios y las furias de la naturaleza se desataban, reina ahora, cada vez con más energía, la voluntad habilidosa del hombre.

Mientras que el hombre luchó victoriosamente con la naturaleza, edificó a ciegas sus relaciones con los demás, casi al igual que las abejas y las hormigas. Con retraso y muy indeciso, abordó los problemas de la sociedad humana. Empezó por la religión, para pasar después a la política. La Reforma representa el primer éxito del individualismo y del racionalismo burgués en un terreno donde había reinado una tradición muerta. El pensamiento crítico pasó de la Iglesia al Estado. Nacida en la lucha contra el absolutismo y las condiciones medievales, la doctrina de la soberanía popular y de los derechos del hombre y del ciudadano creció. Así se formó el sistema del parlamentarismo. El pensamiento crítico penetró en el dominio de la administración del Estado. El racionalismo político de la democracia significaba la más alta conquista de la burguesía revolucionaria.

Pero entre la naturaleza y el Estado se encuentra la economía. La técnica liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos: la tierra, el agua, el fuego y el aire para someterle inmediatamente a su propia tiranía. El hombre deja de ser esclavo de la naturaleza para convertirse en esclavo de la máquina y, peor aún, en esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testimonia, de una manera particularmente trágica, cómo este dominador altivo y audaz de la naturaleza permanece siendo el esclavo de los poderes ciegos de su propia economía.

La tarea histórica de nuestra época consiste en reemplazar el juego incontrolable del mercado por un plan razonable, en disciplinar las fuerzas productivas, en obligarlas a obrar en armonía, sirviendo así dócilmente a las necesidades del hombre. Solamente sobre esta nueva base social el hombre podrá enderezar su espalda fatigada, y no ya sólo los elegidos, sino todos y todas, llegar a ser ciudadanos con plenos poderes en el dominio del pensamiento.

El futuro del ser humano

Sin embargo, esto no es todavía el fin del camino. No, sólo es el comienzo.

El hombre se considera el coronamiento de la creación. Tiene para ello, ciertos derechos. ¿Pero quién se atreve a afirmar que el hombre actual sea el último representante, el más elevado de la especie homo sapiens? No; físicamente, como espiritualmente, está muy lejos de la perfección, este aborto biológico, cuyo pensamiento está enfermo y que no se ha creado ningún nuevo equilibrio orgánico.

Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad.

La antropología, la biología, la fisiología, la psicología, han reunido montañas de materiales para erigir ante el hombre, en toda su amplitud, las tareas de su propio perfeccionamiento corporal y espiritual y de su desarrollo ulterior. Por la mano genial de Sigmund Freud, el psicoanálisis levantó la envoltura del pozo nombrada poéticamente el “alma” del hombre. ¿Y qué nos ha revelado? Nuestro pensamiento consciente no constituye más que una pequeña parte en el trabajo de las oscuras fuerzas psíquicas. Buzos sabios descienden al fondo del océano y fotografían la fauna misteriosa. Para que el pensamiento humano descienda al fondo de su propio océano psíquico debe iluminar las fuerzas motrices misteriosas del alma y someterlas a la razón y a la voluntad.

Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz.

                                            LEER  ESTALINISMO  Y  BOLCHEVISMO


 

Algunos términos:

Bonaparte, Napoleón 1 (1769-182l): Tomó el poder en un golpe de estado en 1804, proclamando el imperio francés y a sí mismo emperador.

Clausewitz, Kari Von (1780-1831): Oficial del ejército prusiano, teórico militar.

Duma: Parlamento en Rusia antes de 1917. Tenía una franquicia truncada.

Jacobinos: Nombre popular para los miembros de la Sociedad de los amigos de la Constitución que fueron el ala radical de la revolución francesa.

Kerensky, Alexander (1882-1970): Primer Ministro reformista en Rusia en 1917, derrocado por la Revolución de Octubre.

Liebknecht, Wilhelm (1826-1900): Junto con Bebel, fundador de la socialdemocracia alemana.

 

Liebknecht, Karl (1871-1919): Líder del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, se opuso a la Primera Guerra Mundial, fundó el Spartakusbund con Rosa Luxemburgo. Asesinado por las tropas reaccionarias en enero de 1919.

Mencheviques: Ala reformista del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (RSDLP), hasta 1912 cuando éste y los bolcheviques se separaron. Los mencheviques se opusieron a la revolución de octubre de 1917.

Miliukov, Paul (1859-1943): Líder del Partido de los Cadete capitalistas en Rusia. Ministro de Asuntos Exteriores hasta mayo de 1917.

Poincare, Raymond (1860-1934): Presidente de Francia, 1913-20, Primer Ministro 1912, 1922-24, 1926-29.

Internacional Socialdemócrata: Históricamente, Socialdemócrata fue el título adoptado por muchos partidos obreros. La Internacional se derrumbó en 1914 cuando la mayoría de sus partidos apoyaron la guerra imperialista.

Social Revolucionarios (SRs): Partido socialista campesino. Dividido en 1917, los SR de izquierda participaron durante un período en el gobierno soviético, mientras que los SR de derecha se opusieron a la revolución.


Referencias bibliográficas

[1] “Porque hay una marea en las cosas humanas que, tomadas en la creciente, lleva a la fortuna” (Shakespeare, Julio César, Acto IV, Escena II, 1623).

[2] Curzio Malaparte (1898-1957): Periodista, dramaturgo, escritor de relato corto, novelista y diplomático italiano, combatió en la Primera Guerra Mundial y fue parte de la Marcha sobre Roma de Mussolini. Escribió Técnica del golpe de Estado en 1931.

[3] Raymond Poincaré (1860-1934): Político francés. Fue presidente del Consejo de Ministros varias veces y presidente de la República durante la Gran Guerra. Presidió el Consejo de Ministros en 1922-24 e impulsó una política de dureza con Alemania, insistiendo en la necesidad de que esta pagara completamente las reparaciones de guerra establecidas en el tratado de Versalles. Derrotado en las elecciones de 1924, volvió a presidir el Consejo dos veces entre 1926 y 1929.

[4] Liebknecht Wilhelm (1826-1900): Junto a Bebel, como seguidores de Marx en Alemania, fundaron el Partido Obrero Socialdemócrata en 1869 en Eisenach, en oposición a la Unión General de Obreros Alemanes, lasallista. Lasallistas y eisenacheanos unieron finalmente sus movimientos en 1875 en una convención celebrada en Gotha.

[5] Karl von Clausewitz (1780-1831): Célebre teórico militar. Su obra más conocida es De la guerra, aparecida en Berlín en 1832-34. Participó en las campañas contra Napoleón y sirvió posteriormente como jefe del Estado Mayor prusiano (1831). En 1812-13 estuvo al servicio del ejército ruso.

[6] Una deciatina equivale a 1,08 hectáreas.

[7] Ese “largo trabajo”  puede apreciarse en los dos tomos de las Obras selectas de Lenin (Tomo I: 1898-1916; Tomo II: 1917-1923, Bs. As., 2013), publicadas por Ediciones IPS y el CEIP “León Trotsky”.

[8] La población rusa en 1917 era de 184.600.000, de la que los propiamente rusos eran 91.000.000.

[9] 7 de noviembre en el calendario actual gregoriano.

[10] Entre 1861 y 1865 los Estados industriales del Norte y los esclavistas del Sur de EE.UU. se enfrentaron en una guerra civil que culminará con el triunfo del Norte.

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