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Los orígenes del Programa de Transición en la Internacional Comunista

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Daniel Gaido, Los orígenes del Programa de Transición en la Internacional Comunista, Revista Izquierdas, N° 23, abril 2015, ISSN 0718-5049, IDEAUSACH, pp. 191-214

Reproducido de Laburantes.org

 

Daniel Gaido*

Resumen

Las raíces del Programa de Transición en los escritos anteriores de Trotsky han sido rastreadas en la literatura secundaria. Se ha prestado mucha menos atención a los orígenes del Programa de Transición en los debates de la Internacional Comunista entre su Tercer y Cuarto Congreso, y en particular a la contribución de su sección nacional más grande fuera de Rusia, el Partido Comunista de Alemania, que había sido el origen de la táctica del frente único en 1921. En este artículo se analizan las raíces del Programa de Transición en los debates de la Internacional Comunista. Esta tarea es importante porque muestra que las consignas del Programa de Transición no son dogmas sectarios, sino el resultado de la experiencia revolucionaria colectiva de la clase trabajadora durante el período considerado, desde la revolución bolchevique hasta la conferencia de fundación de la IV Internacional (1917- 1938).

Palabras clave: Trotsky, Programa de Transición, Internacional Comunista, Cuarta Internacional.

 

Introducción

En un artículo anterior señalamos que la táctica del frente único, plasmada en las en las “Tesis sobre la unidad del frente proletario” adoptadas por el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (AA.VV. 1973, pp. 191-200), se originó en una iniciativa del líder del KPD Paul Levi conocidos como la “Carta abierta” de la Zentrale del Partido Comunista Unificado de Alemania de 8 de enero 1921 (Gaido 2014). En este artículo mostraremos que el método de demandas transicionales se originó en el Partido Comunista de Alemania (Kommunistische Partei Deutschlands, KPD) en el período inmediatamente posterior a la expulsión de Paul Levi, después de su crítica al putsch conocido como la “Acción de marzo”de 1921 (ver Paul Levi, “Nuestro Camino: contra el putschismo”, en Fernbach 2011, pp. 119-165).

Según el historiador principal de la revolución alemana, Pierre Broué:

“Fue la iniciativa de los trabajadores metalúrgicos de Stuttgart en su lucha contra el socialdemócrata de izquierda Dissmann la que inspiró la Carta Abierta de enero de 1921. Aquí encontramos por primera vez claramente formulada la política de frente único de los trabajadores. Había sido aplicada en Rusia en 1917, pero todavía no era una parte integral de la doctrina bolchevique, y fue la lucha para organizar el frente único de los trabajadores, comunistas y no comunistas por igual, en Alemania, la que iba a llevar a la aparición, primero en los debates de la Internacional y después en su programa, de la idea de consignas y reivindicaciones transicionales, cuyo objetivo era llenar, en el arsenal de la teoría comunista, el lugar que había quedado vacío por el colapso de la vieja separación entre programa máximo y mínimo, separación que se remontaba a Programa de Erfurt del SPD de 1891 (Broué 2005, p. 855, énfasis mío).”

 

El Tercer Congreso de la Internacional Comunista (22 junio – 12 julio 1921)

El Tercer Congreso de la Internacional Comunista centró sus debates en el intento de putsch conocido como la “Acción de Marzo” en Alemania, como la excepcional edición inglesa de las minutas del congreso por John Riddell deja claro (Riddell 2015). En el curso de los debates, Lenin y Trotsky, con la ayuda de los delegados de la minoría alemana encabezada por Clara Zetkin, lograron sacar a la Internacional de su curso ultraizquierdista anterior, conocido como la “teoría de la ofensiva”, la cual contaba inicialmente con el apoyo de la mayoría de los delegados, incluyendo a Zinoviev, Bujarin, Béla Kun, Karl Radek y August Thalheimer.

El Congreso reorientó el trabajo de la Internacional a ganar el apoyo de la mayoría de la población para el Partido Comunista antes de lanzar una insurrección, una estrategia que fue resumida en el lema del congreso: “¡A las masas!”. El precio que los dirigentes bolcheviques tuvieron que pagar por esta reorientación de la estrategia de la Internacional fue a un acuerdo por el cual el Congreso declaró la “Acción de Marzo” (como resultado de lo cual la Internacional perdió 200.000 trabajadores en el corazón industrial de Europa) como un “paso adelante” (Adler 1980, p. 290), aunque en términos más bien incoherentes. La táctica del frente único, a su vez, fue rescatada al precio de sacrificar a la persona que originalmente la desarrolló, Paul Levi (Gaido 2014). En cuanto a las reivindicaciones transicionales, la sección quinta de las “Tesis sobre la táctica” adoptadas por el Tercer Congreso, titulada “Combates y reivindicaciones parciales” (el original en alemán dice “demandas parciales”: Teilforderungen), declaraba:

“En lugar del programa mínimo de los reformistas y centristas, la Internacional Comunista plantea la lucha por las necesidades concretas del proletariado, por un sistema de reivindicaciones que en su conjunto destruyan el poder de la burguesía, organicen al proletariado y constituyan las etapas de la lucha por la dictadura proletaria, cada una de las cuales, en particular, sea expresión de una necesidad de las grandes masas, aún si esas masas todavía no se ubican conscientemente en el terreno de la dictadura del proletariado (AA.VV., p. 45, cita alemana tomada de Kommunistische Internationale 1921, p. 6).”

Y en el Informe sobre la táctica y la estrategia, Radek afirmó:

“Camaradas, nos damos cuenta de que los partidos comunistas tienen que comparar lo que están haciendo en este campo e intercambiar sus experiencias. Hasta ahora, esto no se ha hecho. Hasta el momento, los partidos no han presentado sus programas a la Internacional Comunista, y el intercambio de experiencias de agitación y de organización entre nosotros ha sido bastante limitado. Cuando este intercambio tenga lugar, esto nos permitirá crear un sistema concreto de acciones y demandas transicionales (ein konkretes System dieser Aktionen und Übergangsforderungen). Su rasgo característico es que no tienen como objetivo reformar al capitalismo, sino fortalecer la lucha contra el capitalismo. Este no es el programa mínimo de los social-patriotas. Tampoco es un programa específico con respecto a lo que nuestra dictadura va a hacer en el día de su victoria. Comprende todas las demandas que movilizan a las masas para la lucha por esta dictadura (Riddell 2015, cita alemana en Kommunistische Internationale 1921, p. 479).”

La expresión reaparece en el Informe de Radek a la Comisión de Táctica y Estrategia: “El contenido de las medidas transicionales (Übergangsmaßregeln) como etapas en la lucha por…

(“El debate sobre la táctica y la estrategia, el siguiente en el orden del día, se prolongó durante cinco sesiones. El extenso informe de Radek, presentado el 30 de junio, evaluó la ‘Acción de marzo’ como un ‘paso adelante’, acompañado por errores que, de repetirse, llevarían a ‘derrotas aún mayores’” (Riddell 2015).)

 

…la dictadura del proletariado” (Riddell 2015, cita alemana tomada de Kommunistische Internationale 1921, p. 912). Así, en el Tercer Congreso vemos el concepto de un Programa de Transición todavía en estado fluido. Se hace referencia a él en la vieja terminología como un sistema de “demandas parciales” (Teilforderungen) para el período de transición (Übergangsperiode) y en la nueva nomenclatura como un programa de “demandas o medidas transicionales” (Übergangsforderungen o Übergangsmaßregeln).

La comisión del programa

El 11 de junio de 1922, un Comité Ejecutivo ampliado de la Internacional Comunista señaló que sus partidos miembros más grandes todavía no habían adoptado programas. Se estableció una comisión de treinta y tres miembros procedentes de quince países para ayudarlos en esta tarea. La comisión del programa incluía a los cinco dirigentes del PC ruso asignados al trabajo de la Internacional (Lenin, Trotsky, Zinoviev, Bujarin y Radek) ademásde Clara Zetkin, August Thalheimer, y Ernst Meyer del KPD. Zinoviev pensaba que la Comisión podría presentar un proyecto de programa para el Cuarto Congreso. Esta esperanza no se cumplió, pero la consideración de un programa de la Internacional Comunista y sus principales partidos miembros sería uno de los puntos importantes de la agenda del congreso. Cuando la Comisión del programa se reunió, el 28 de junio de 1922, surgieron diferencias sobre el alcance apropiado de un programa del Comintern. Bujarin se opuso a incluir en el programa reivindicaciones transicionales, como el gobierno de los trabajadores (Arbeiterregierung, es decir un gobierno de coalición con partidos obreros reformistas, en particular el Partido Socialdemócrata, como una etapa hacia la dictadura del proletariado) y el frente único, que él veía como asuntos tácticos. En respuesta, Bohumír Šmeral del PC checoslovaco argumentó que el programa debía abarcar la táctica y la línea de acción de los comunistas durante un período transicional posiblemente prolongado antes de la revolución. Clara Zetkin del KPD, dijo que el programa tenía que ser “lo suficientemente amplio como para abarcar todo lo necesario en la situación dada” (Riddell 2015, p. 35).

El debate programático en Die Internationale Kommunistische

Los proyectos de programa de los partidos comunistas nacionales disponibles para la discusión en el IV Congreso de la Internacional Comunista fueron publicados finalmente en dos números de Die Kommunistische Internationale, el órgano del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, de septiembre a noviembre de 1922 (Nr. 22- 23).

( Rosa Luxemburgo ya había empleado la expresión “medidas transicionales en la dirección del socialismo”(Übergangsmaßregeln im Sinne des Sozialismus) en su folleto de 1899 Reforma Social o revolución, pero para hacer referencia a las medidas que serían adoptadas por el proletariado después de la toma del poder.)

 

El Nr. 22 de Die Kommunistische Internationale, publicado el 13 de septiembre de 1922, incluía tres ítems bajo el epígrafe Diskussion zur Frage des Programms der Kommunistischen Internationale: un artículo de Varga sobre “Cómo debería redactarse el programa de la Internacional Comunista? “, que polemizaba contra la negativa de Bujarin a incluir cuestiones “tácticas” en el programa, un artículo del líder comunista checoslovaco Bohumír Šmeral titulado “Sobre la discusión programática”, y finalmente otro artículo escrito por el francés Charles L. Rappoport titulado “Pensamientos sobre el Programa.”

(Eugen Varga, “Wie soll das Programm der Kommunistischen Internationale beschaffen sein?”, DieKommunistische Internationale, Nr. 22, 13 de septiembre de 1922, pp 80-84; Bohumír Šmeral, “ZurProgrammdiskussion”, Ibid , pp 84-92; Charles L. Rappoport, “Gedanken über das Programm”, Ibid., pp. 92-96. Cf. el comentario de Bujarin: “En cuanto al artículo del camarada Rappoport, a pesar de mis mejoresesfuerzos, no he sido capaz de encontrare ningún tipo de sentido” (Riddell 2015, p. 500).

De estas tres contribuciones, la mejor, así como la más relevante para nuestro tema fue la de Bohumír Šmeral, quien dirigía uno de los mayores partidos comunistas del mundo.

(Según Broué: “Le PC tchécoslovaque comptait alors plus de 130.000 membres, dont presque 90% d’ouvriersd’industrie” (Broué 2005, p. 372).)

 

Šmeral argumentó que el programa debía incluir “demandas concretas que los partidos comunistas individuales consideren como las más importantes para su lucha inmediata”, y agregó:

Esta parte del programa será la expresión de lo que ya es el contenido de la práctica general de los partidos comunistas. La práctica de unirse a la lucha diaria de las masas por reivindicaciones parciales y convertirlas en el punto de partida para un nuevo aumento en la actividad de las masas proletarias recibió su primer estímulo con la Carta Abierta de Alemania. Un paso más en su desarrollo fue el Frente Único. En el programa, esta práctica debe ser perfectamente planeada y elaborada sistemáticamente. De esta manera, el Congreso establecerá el plan de acción de los partidos comunistas en el período de transición, hasta el momento de la confrontación decisiva para la toma directa del poder (Šmeral 1922, Pág. 87).

Entonces Šmeral explicó cómo se originó la idea de reivindicaciones transicionales:

Nuestra  práctica de partir de las demandas parciales concretas del día comenzó a formarse empíricamente. Dimos por sentado que debemos tomar parte en las luchas de la clase obrera contra la ofensiva del capital, por la jornada de ocho horas en contra de la reducción de los salarios, por el derecho de asociación. ¿Hay que transferir nuestra actividad a otras áreas, debemos avanzar en las demandas que no son nuestras demandas programáticas máximas, sino demandas para el período de transición, para el período de existencia de los estados democráticos, demandas concretas en el ámbito de los impuestos y del suministro de alimentos, de los derechos civiles? Todas estas cuestiones están ahora planteadas agudamente en la vida política práctica de Alemania. En mi opinión, estas reivindicaciones transicionales podrían y deberían ser formulados en partes específicas del programa. En cuanto a las cuestiones fiscales, por cierto, las…

 

…tesis en cuestión ya han sido preparadas por el Ejecutivo [Varga 1921], y la mera consecuencia lógica exige que también las otras cuestiones, incluyendo las relacionadas con el avance de la reacción, sean incluidas como demandas de transición en una parte especial del programa comunista (Šmeral 1922, p. 88).

Incluso las viejas demandas democráticas del programa de Erfurt habían adquirido un nuevo significado revolucionario, porque el capitalismo decadente era incapaz de satisfacerlas. El punto principal, sin embargo, era la forma en que los partidos comunistas planteaban estas demandas: “El objetivo de nuestras demandas parciales, incluso de aquellos que son casi idénticas a las demandas anteriores de la socialdemocracia, es que para nosotros no son el camino a la democracia, sino el camino de la democracia a la dictadura del proletariado”(Šmeral 1922, p. 92).

El ejemplar pre-congreso de Die Kommunistische Internationale (No. 23, 1 de noviembre de 1922, pp. 114-55), de nuevo bajo el epígrafe Diskussion zur Frage des Programms der Kommunistischen Internationale, incluía los proyectos de programa de los partidos comunistas de Italia y Alemania, las críticas del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista al proyecto de PC italiano, además de las contribuciones a la discusión hechas por Varga, Thalheimer, y Wera Kostrzewa del PC polaco sobre la cuestión agraria.

(Eugen Varga, “Entwurf des theoretischen Telis des Programms der KI (Die Nachkriegszeit)”, Die Kommunistische Internationale (1 noviembre 1922), Nr. 23, pp 114-117; August Thalheimer, “Zur Kommunistischen Programm”, Ibid., pp. 118-122; “Programm der Kommunistischen Partei Deutschlands (Sektion der Kommunistischen Internationale) (Entwurf)”, Ibid., pp 122-142; Das Präsidium des Exekutivkomitees der Kommunistischen Internationale, “Zum Programmentwurf der Kommunistische Partei Italiens”, Ibid , pp. 142-146; Wera Kostrzewa, “Thesen zur Agrarfrage”, Ibid., pp. 146-155.)

La contribución principal desde el punto de vista del desarrollo de un programa de transición fue el artículo de August Thalheimer “Sobre el Programa Comunista”, que aparece como Apéndice I del presente artículo (Thalheimer 1922).

El proyecto de programa del Partido Comunista de Alemania (15 de oct. 1922)

En la revista Die Kommunistische Internationale, el texto de Thalheimer aparece como introducción al “Programa del Partido Comunista de Alemania (sección de la Internacional Comunista) (borrador)” (KPD 1922). La Zentrale del KPD había considerado que el partido requería un nuevo programa, que se basaría en la experiencia de los años 1919 a 1923 y sustituiría el programa de la Liga Espartaco, aprobada en el Congreso Fundacional del Partido. Una comisión especial que comprendía a August Brandler, Wilhelm Koenen, Ludwig, Zetkin y August Thalheimer fue encargado de redactarlo. El proyecto fue presentado al Comité Central los días 15-16 de octubre de 1922, y aprobado por 24 votos contra 23, con el voto en contra de la (ultra) izquierda liderada por Ruth Fischer y Arkadi Maslow, que lo que consideraba un documento oportunista y revisionista. Los líderes del Partido luego acordaron presentar el proyecto de programa para su discusión a la Internacional Comunista (Broué 2005, p. 648).

( Eugen Varga, “Entwurf des theoretischen Telis des Programms der KI (Die Nachkriegszeit)”, Die Kommunistische Internationale (1 noviembre 1922), Nr. 23, pp 114-117; August Thalheimer, “ZurKommunistischen Programm”, Ibid., pp. 118-122; “Programm der Kommunistischen Partei Deutschlands (Sektion der Kommunistischen Internationale) (Entwurf)”, Ibid., pp 122-142; Das Präsidium des Exekutivkomitees der Kommunistischen Internationale, “Zum Programmentwurf der Kommunistische Partei Italiens”, Ibid , pp. 142-146; Wera Kostrzewa, “Thesen zur Agrarfrage”, Ibid., pp. 146-155. )

El proyecto de programa del Partido Comunista de Alemania comenzaba con una sección dedicada al “Auge y decadencia del capitalismo”, que incluía las subsecciones “La era del imperialismo”, “La Guerra Mundial”, “Los tratados de paz imperialistas”, “La era de la revolución mundial” y “La crisis del capitalismo”. Sección II, que trata de “La conquista del poder político,” incluía las subsecciones “El proletariado como potencia activa y clase dirigente de la revolución socialista”, “El papel del Partido Comunista y su relación con los sindicatos, las cooperativas y otras organizaciones proletarias”, “El papel de la violencia”, “La democracia burguesa” y “La dictadura del proletariado”. La parte más relevante a los efectos del presente artículo era el inciso VI, titulado “Medidas transicionales antes de la conquista del poder político” (Übergangsmaßregeln vor Eroberung der politischen Macht).

Después de señalar la incompatibilidad entre los consejos de delegados obreros (Räte:soviets) y el parlamento, el proyecto de programa argumentaba que la transición de un sistema de gobierno al otro estaría marcada por un período de doble poder. El Partido Comunista tendría que contrarrestar la coalición de gobierno burgués-socialista con la consigna del frente único de los partidos de la clase obrera, cuya condición era la plena libertad de crítica y de propaganda y la independencia organizativa incondicional del KPD. A esta etapa correspondería la consigna del “gobierno obrero” (Arbeiterregierung, es decir, una coalición del Partido Comunista con los partidos obreros reformistas), cuya función principal sería el armamento del proletariado y el fortalecimiento de los consejos. Este gobierno obrero implementaría “una serie de medidas económicas y financieras revolucionarias”:

Estas medidas transicionales aún operan formalmente en el marco del régimen burgués de propiedad, de las relaciones de producción y del sistema financiero burgués, pero en realidad son ya intervenciones del poder estatal proletario, constituido como un gobierno de los trabajadores, que limita de manera consciente y despiadada el derecho de los capitalistas a disponer de sus bienes y el afán delucro capitalista, en interés y en beneficio del proletariado y de las masas trabajadoras más amplias (KPD 1922, p. 140).

 

El proyecto de programa luego enumeraba una serie de medidas económicas transicionales que serían llevadas a cabo por un gobierno de los trabajadores, como la confiscación de los valores reales en Alemania (una demanda relacionada a la depreciación del valor del marco) y la participación mayoritaria del Estado en todas las empresas; la sindicalización o trustificación de la industria bajo control de los trabajadores a través de los comités de fábrica; la abolición del secreto bancario, industrial y comercial; el establecimiento de un monopolio estatal del suministro de alimentos y la introducción del racionamiento bajocontrol obrero; y el monopolio estatal del comercio exterior y de la banca bajo controlobrero, ejercido sobre todo por los empleados de banco.

 

Todas estas medidas de transición – aunque formalmente aún en el marco de la propiedad burguesa – de hecho ya están en realidad en fuerte contradicción con los intereses de la clase capitalista, y sólo pueden ser implementadas mediante la lucha más aguda y más amplia contra la burguesía. La resistencia amarga y sistemática de la burguesía naturalmente forzará al gobierno de los trabajadores, finalmente, a ir más allá de estas medidas semi-contradictorias. En lugar de la incautación parcial de la propiedad burguesa y la mera restricción del derecho capitalista a disponer de ella, dicho gobierno se verá obligado a abordar la abolición completa de la propiedad burguesa sobre los medios de producción (incluyendo las materias primas) y la abolición total del derecho de propiedad capitalista (KPD 1922, p. 140).

 

Finalmente, los dos últimos capítulos del proyecto de programa del KPD trataban de ‘”Latransformación del capitalismo en un orden económico socialista” y de las tareasinternacionales del partido.

 

El IV Congreso de la Internacional Comunista (5 nov. a 5 dic., 1922)

La discusión en el IV Congreso sobre el programa se abrió con informes de Bujarin y Thalheimer, que presentaban los dos puntos de vista contrapuestos existentes en el CEIC. Bujarin condenó la idea de que “cuestiones tácticas como la incautación de los valores reales en Alemania, la táctica de frente único o la cuestión del gobierno obrero deban incluirse también en el programa”, y agregó que Šmeral estaba equivocado “cuando, junto con Varga y Radek, pide que estas cuestiones, como la del ‘gobierno de los trabajadores’ y la ‘Carta Abierta’, se incluyan en el programa” (Riddell 2011, p. 497, 500).

Thalheimer, por el contrario, sostuvo que “la cuestión de las medidas transicionales, las demandas por etapas, o como se las quiera llamar, antes de la conquista del poder” era “la cuestión central para la redacción exitosa del programa, tanto a nivel general como en términos de las partes individuales” (Riddell 2011, p. 504), aunque inmediatamente procedió a estropear su argumento añadiendo una crítica luxemburguista de la teoría del imperialismo de Lenin (sobre este tema ver Gaido y Quiroga 2013).

Apoyado por Radek, Thalheimer consideró como “un grave error” la separación de los “principios tácticos de los otros principios y objetivos”, lo que abría las puertas a una recaída en el reformismo (Riddell 2011,p. 510). Thalheimer hizo hincapié en la necesidad de “establecer directrices tácticas” de las cuales “todas las demandas individuales específicas pudieran ser derivadas de manera segura y sin ambigüedades”, mencionando entre los “temas de transición” que debían ser incluidos en un programa comunista “la cuestión del control de la producción, del capitalismo de estado, de las directrices para cada partido sobre la política fiscal y financiera” (Riddell 2011,p. 515).

Tres días más tarde, Bujarin leyó una breve declaración de la delegación rusa que en esencia respaldaba la posición Thalheimer-Radek. Decía lo siguiente:

Teniendo en cuenta que el debate sobre la manera de formular demandas transicionales y sobre dónde colocarlas en el programa ha dado una impresión totalmente errónea de un desacuerdo en principio, la delegación rusa confirma por unanimidad que no puede ser considerado como oportunismo incluir demandas de transición en los programas de la secciones nacionales, ni formularlos en términos generales y motivarlos teóricamente en el segmento general del programa. En representación de la delegación de Rusia: Lenin, Trotsky, Zinoviev, Radek, Bujarin (Riddell 2011, p 631.).

Luego los delegados adoptaron, contra el voto de la delegación italiana (que representaba los puntos de vista sectarios de la tendencia de Bordiga), una “Resolución sobre el Programa”, que instaba a “las secciones nacionales de la Internacional Comunista que aún no cuentan con programas nacionales” a “comenzar a trabajar en ellos de inmediato, para que puedan ser presentadas al Ejecutivo a más tardar tres meses antes del V Congreso, con el fin de sera probados por el próximo congreso” (este material se publicó finalmente en Kommunistische Internationale 1924). Los tres últimos puntos de la resolución, que se ocupaban específicamente de la cuestión de las demandas de transición, decían lo siguiente:

3.) Los programas de las secciones nacionales deben motivar clara y decisivamente la necesidad de luchar por demandas transicionales (Übergangsforderungen), con la condición de que estas demandas se deriven de las condiciones reales del momento

4.) El programa general debe proporcionar definitivamente un marco teórico para todas las demandas transicionales o parciales (Übergangs- oder Teilforderungen). Al mismo tiempo, el IV Congreso condena enérgicamente los intentos de describir como oportunismo la inclusión de demandas transicionales en el programa, así como los intentos de emplear las demandas parciales para ocultar o suplantar nuestras tareas revolucionarias fundamentales.

5.) El programa general debe representar claramente las variantes históricas básicas de demandas transicionales (Übergangsforderungen) planteadas por las secciones nacionales, correspondiente a las diferencias fundamentales en la estructura económica y política de cada país, por ejemplo en Gran Bretaña en contraposición con la India, etc. (Riddell 2011, p. 632, las citas en alemán fueron tomadas deLenin 1922b, pp. 450-451).

El IV Congreso de la Internacional Comunista fue también la ocasión para la formulación del proyecto de programa de transición de Radek. Según Pierre Broué, “Radek redactó algunas observaciones preliminares para los delegados” que “originalmente no estaban destinadas para su publicación, pero que terminaron apareciendo en Bulletin communiste,no. 14, 5 de abril de 1923, pp. 126-8, bajo el título ‘La question du programme de l’IC’”.

Radek “sugirió que se redactara un programa de transición. Éste establecería consignas que contribuirían a movilizar a las masas trabajadoras en la perspectiva de la lucha por la dictadura del proletariado” (Broué 2005, pp. 648-650 y nota 1). Este documento se ha añadido como Apéndice II al presente artículo.

 

Del cuarto congreso de la Internacional Comunista (1922) a la conferencia de fundación de la IV Internacional (1938)

La Oposición de Izquierda al régimen estalinista, que surgió originalmente en 1923 como oposición a la “troika” Zinoviev-Kamenev-Stalin (ver los documentos en Jeffries 1975), recibió una articulación programática definitiva en los “once puntos” de la Oposición de Izquierda de diciembre de 1932. En el plano teórico, la Oposición de Izquierda pensaba que el legado de la Internacional Comunista no provenía por completo de Lenin y que no se debía buscar todo en sus escritos.

Consideraba erróneas las decisiones adoptadas por el quinto y el sexto congreso, y quería reescribir el programa escrito por Bujarin y aprobado en el sexto congreso. Por lo tanto, su base programática eran las resoluciones adoptadas por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista.

En nombre de la independencia necesaria del partido obrero, la Oposición de Izquierda condenaba como oportunista la política llevada a cabo en China hacia el Kuomintang, el mantenimiento del Comité Sindical Anglo-Ruso tras la derrota de la huelga general de mayo de 1926, así como los “partidos obreros y campesinos”. En nombre del carácter internacional de la revolución proletaria, rechazaba la teoría de la “construcción del socialismo en un solo país” y sus corolarios como “bolchevismo nacional”. Abordaba la “cuestión rusa”, la teoría de la “construcción del socialismo en un solo país”, como una cuestión de clase, como la refracción en el mundo soviético de la lucha de clases internacional. Consideraba a la URSS como un estado obrero degenerado que era necesario defender contra el imperialismo. Condenaba la política económica de Stalin como un todo, en todas sus variantes y en todas sus formas – tanto el oportunismo de los años 1923-1928 (no la NEP misma, como lo haría más tarde el Che Guevara) como el aventurerismo económico de la industrialización y la colectivización forzosas a partir de 1928.

Como Lenin, la Oposición de Izquierda se pronunciaba por una presencia activa en las organizaciones de masas, principalmente en los sindicatos reformistas, y denunciaba el papel nefasto de los “sindicatos rojos”. Rechazaba la fórmula de la “dictadura democrática de los obreros y campesinos” que la Internacional Comunista había planteado en lugar de la “dictadura del proletariado”. Retomando las fórmulas de Lenin sobre el frente único obrero, la oposición condenaba su interpretación como “frente único desde abajo”, así como la pseudo-teoría del estalinismo acerca de la transformación de la socialdemocracia en “social-fascismo”. Contra el control de los partidos comunistas por la burocracia estalinista, afirmaba que era necesario el restablecimiento de la democracia en el partido. Finalmente, abogaba por el uso de consignas de transición, para que las masas aprendieran por su propia experiencia, y en particular de las consignas democráticas. La sección séptima de los “once puntos” decía lo siguiente:

Reconocimiento de la necesidad de movilizar a las masas mediante consignas transicionales que correspondan a la situación concreta de cada país y, en particular, mediante consignas democráticas cuando se trate de luchar contra las relaciones feudales, la opresión nacional o la dictadura imperialista descarada en sus diversas variantes (fascismo, bonapartismo, etcétera). (Trotsky 1932)

[después de la revolución de noviembre de 1918]

Los “once puntos” de la Oposición de Izquierda fueron escritos en diciembre de 1932. El ascenso de Hitler al poder el enero de 1933 como resultado de la desastrosa política ultraizquierdista conocida como el “tercer período”, así como la falta de debates en el seno de
la Internacional Comunista sobre las causas de dicha derrota, condujeron a Trotsky a plantear la necesidad de construir un nuevo partido mundial de la revolución socialista. El 15 de julio de 1933 Trotsky escribe el artículo “Es necesario construir nuevos partidos comunistas y una nueva Internacional”, y el 26 de agosto de 1933 se da a conocer la
“Declaración de los Cuatro: Sobre la necesidad y los principios de una nueva internacional”, firmada por E. Bauer por la Oposición de Izquierda Internacional, J. Schwab por el Partido Socialista Obrero de Alemania (SAP), Peter J. Schmidt por el Partido Socialista Independiente de Holanda (OSP), y Henricus Sneevliet por el Partido Socialista Revolucionario de Holanda (RSP) (Trotsky 1933). Dicha iniciativa no prosperó debido a la
heterogeneidad política de los firmantes (Sneevliet apoyaría la política de colaboración de clases conocida como el frente popular en España), por lo que el lanzamiento de la nueva organización internacional se pospondría aún por cinco años.

Entre tanto, el método de las demandas transicionales fue codificado por Trotsky en su “Programa de acción para Francia” de junio de 1934, que fue diseñado para proporcionar contenido político y objetivos a la propuesta de frente único contra el fascismo, luego de que una demostración armada de grupos fascistas y reaccionarios derrocara al gobierno radical de Édouard Daladier y lo reemplazara por el gobierno “fuerte” de Gaston Doumergue (Trotsky 1934a). En el folleto ¿Adónde va Francia?, escrito a fines de octubre de 1934, Trotsky describió al “Programa de acción para Francia” como un proyecto de un programa de transición:

La lucha por el poder debe partir de la idea fundamental de que, aún si es posible oponerse a un agravamiento futuro de la situación de las masas en el terreno del capitalismo, no puede concebirse ninguna mejora real de su situación sin una incursión revolucionaria contra el derecho de propiedad capitalista. La campaña del frente único debe apoyarse sobre un programa de transición bien elaborado, es decir sobre un sistema de medidas que -con un gobierno obrero y campesino deben asegurar la transición del capitalismo al socialismo. [Nota: No nos detendremos aquí sobre el contenido del programa propiamente dicho, y remitimos al lector al Programa de acción editado por la Liga Comunista en 1934,
que es el proyecto de un programa de transición semejante.] (Trotsky 1934b, pp. 46-47).

Finalmente, en un artículo escrito en conmemoración del noventa aniversario de la publicación del Manifiesto comunista, Trotsky escribió lo siguiente acerca de las diez demandas transicionales contenidas en el mismo:

Concebido para una época revolucionaria, el Manifiesto Comunista contiene (al final del capítulo II) diez reivindicaciones que corresponden al período de transición directa del capitalismo al socialismo. En su prefacio de 1872, Marx y Engels declararon que estas reivindicaciones quedaban en parte anticuadas y que, en cualquier caso, sólo tenían una importancia secundaria. Los reformistas se asieron a esta valoración interpretándola en el sentido de que las reivindicaciones revolucionarias transicionales habían cedido el sitio para siempre al “programa mínimo” socialdemócrata, que, como se sabe, no rebasa los límites de la democracia burguesa. De hecho, los autores del Manifiesto indicaron con toda precisión la principal rectificación de su programa transicional, a saber: “la clase
obrera no puede simplemente apoderarse de la maquinaria estatal existente y manejarla para sus propios fines.” En otras palabras, la rectificación estaba dirigida contra el fetichismo de la democracia burguesa. Posteriormente, Marx contrapuso al Estado capitalista el Estado del tipo de la Comuna [de París]. Este “tipo” adquirió más tarde la forma mucho más vívida de los soviets. Hoy no puede haber un programa revolucionario sin soviets y sin control obrero. Por lo demás, las diez
reivindicaciones del Manifiesto, que parecían “arcaicas” en una época de pacífica actividad parlamentaria, han recobrado actualmente su verdadera significación. El “programa mínimo” socialdemócrata, por su parte, ha quedado irremisiblemente anticuado.

Conclusión

Las raíces del Programa de Transición en los escritos anteriores de Trotsky han sido rastreadas en la literatura secundaria (Alexander 1991, pp. 251-281). Se ha prestado mucha menos atención a los orígenes del Programa de Transición en los debates de la Internacional Comunista entre su Tercer y Cuarto Congreso, y en particular a la contribución de su sección nacional más grande fuera de Rusia, el Partido Comunista de Alemania, que había
sido el origen del giro hacia la táctica del frente único en 1921. En este artículo hemos analizado las raíces del Programa de Transición en los debates de la Internacional Comunista. Esta tarea es importante porque muestra que las consignas del Programa de Transición no son dogmas sectarios, sino el resultado de la experiencia revolucionaria colectiva de la clase trabajadora durante el período considerado, desde la revolución
bolchevique hasta la conferencia de fundación de la IV Internacional (1917- 1938).

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