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Hemos vuelto a las calles

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Por El Porteño – 19 octubre, 2021

por Gustavo Burgos

Hemos vuelto a las calles. El hecho prodigioso es indesmentible y la movilización popular ha vuelto a ser protagonista. Miles y miles hemos vuelto a las calles y un tanto sorprendidos retomamos aquella lucha que se interrumpiera en marzo del 2020 con la pandemia. Las masivas acciones de protesta, lejos de ser una conmemoración expresan de manera inequívoca un potente signo de reactivación de la actividad política de los explotados, un reanimamiento que viene a consumar la extraordinaria debilidad de un régimen que se sostiene únicamente en base a las expectativas e ilusiones democráticas que inspira la Convención Constitucional. Sin Congreso y sin Gobierno, o más bien dicho con un Presidente que termina su mandato hundido en un descrédito sin precedentes y al borde de ser destituido como resultado de una acusación constitucional, hecho absolutamente inédito en nuestra historia institucional, el régimen se tambalea sobre un abismo.

Lo hemos expresado con claridad, el 18 de Octubre de 2019 no fue un simple «despertar ciudadano» ni una simple «crisis de expectativas», sino que el inicio de un profundo proceso revolucionario, un estallido protagonizado por los explotados y dirigido en contra del régimen capitalista en su conjunto. La continuidad de ese proceso de luchas iniciado hace sólo 2 años hasta hoy, hace sentir aquel glorioso episodio como ocurrido el día de ayer. A pesar de la brutal represión desplegada por el régimen, de la ocupación militar del país, del medio centenar de asesinados, de lo 400 mutilados oculares, miles de presos políticos y centenares de miles de detenidos, apaleados y gaseados por las FFEE y las FFAA, a pesar de toda aquella barbarie desplegada en contra del pueblo , el movimiento sigue vivo aguijoneando la profiunda crisis que sigue tensionando el orden capitalista.

El movimiento enfrenta hoy el desafío de dar nacimiento a su nueva dirección política y tal cosa no puede sino ser una organización unificada para el combate, con un programa clasista que se reclame del poder para los trabajadores y que tenga la capacidad —por lo mismo— de actuar con una clara vocación de poder, esto significa expresarse políticamente para la revolución social que el proceso histórico demanda. Porque es en las calles, en la lucha de clases, el terreno donde han de expresarse y hacerse realidad las aspiraciones revolucionarias de la mayoría trabajadora, no en los pasillos de la institucionalidad patronal porque el Congreso y la Convención Constitucional han sido creadas para someter al pueblo y perpetuar la explotación. Es en las calles, por lo mismo donde se inicia la construcción de un nuevo gobierno del conjunto de la clase trabajadora, asentado en los órganos de movilización de las bases y de claro contenido socialista.

El día de hoy, el único candidato con probabilidades de alcanzar La Moneda es Boric y es sintomático que hoy mismo se haya escondido en Valdivia, probablemente buscando un árbol en el cual encaramarse. Porque ni Boric, ni ninguno de los restantes candidatos patronales Kast, Sichel, Provoste, MEO, Parisi, tienen nada que decir frente al levantamiento popular porque el mismo se alzó y se alza en contra del régimen que defienden. Boric ya anunció que no va a desmilitarizar la Araucanía, anunció que respetará la autonomía del Banco Central y que observará atentamente la producción de normas constitucionales que emerjan de esa simple cámara de reformas constitucionales que al día de hoy es la Convención. Porque Boric —los otros también— es un incondicional de los intereses del gran capital, los grupos económicos y las transnacionales.

Desde el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (FUT) hemos de trabajar incansablemente por contribuir a tender los puentes que permitan construir esa nueva dirección política y aglutinar a la oposición obrera y de izquierda al próximo Gobierno que necesariamente habrá de ser patronal. Nuestra lista parlamentaria tiene ese claro objetivo. Hemos de levantar el conjunto de las reivindicaciones populares, recuperar el salario, la gratuidad de educación y salud, la titularidad sindical, la negociación por rama y un sistema provisional de reparto. Igualmente, resulta imprescindible la inmediata e incondicional libertad a los presos políticos, la disolución de Carabineros y el conjunto del aparato represivo del régimen, asimismo la disolución de los tribunales de justicia y la socialización de los grandes medios de producción.

La lucha por estas medidas permitirá en concreto radicar el poder en la clase trabajadora, llevar a la cárcel a Piñera y a sus cómplices (dentro y fuera de La Moneda) y barrer con la transición orquestada desde los partidos del Acuerdo por la Paz. Este domingo La Tercera —un medio patronal por excelencia— planteaba que la oposición a Piñera se debatía entre octubristas y novembristas, en alusión al levantamiento y al Acuerdo, y tiene razón. Hoy día el movimiento que se ha alzado contra Piñera pretende ser domesticado por las fuerzas del Acuerdo, y sometido a la institucionalidad patronal. Pero —como decíamos ayer— hemos vuelto a las calles y lo hemos hecho para vencer.

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