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Economía Mundial: 10 años desde el colapso financiero

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Steve Score, Socialist Party

CIT en Inglaterra y Gales.

La respuesta socialista a la crisis capitalista

 

El 15 de septiembre de este año, un elegante encuentro se llevó a cabo en un lugar secreto en Londres. En este, los principales banqueros que formaban parte de Lehman Brothers, que alguna vez fue el cuarto banco de inversión más grande del mundo, celebran el décimo aniversario de su colapso de 2008 con “cócteles y canapés”.

Su desaparición fue un importante punto de inflexión en la crisis financiera que ya se estaba gestando durante 2007, pero que luego se convirtió en una crisis económica mundial.

Es una crisis de la cual la economía mundial todavía no se ha recuperado completamente y que ha cambiado fundamentalmente la política en todo el mundo. ¡Sobre todo, de los miles de millones de personas que han sufrido grandes recortes en sus niveles de vida y como resultado no verán motivos para celebrar!

Hasta el momento en que Lehman Brothers colapsó, los gobiernos, los banqueros y los economistas seguían repitiendo el mantra de que el capitalismo no regulado de libre mercado, con una intervención estatal limitada, siempre es lo mejor.

Pero luego se dieron cuenta de que, a menos que intervinieran, se arriesgaban no solo a colapsar, sino a una escala similar a 1929. Este evento resultó en la gran depresión de la década de 1930, con todas sus consecuencias incluyendo la revolución y la contrarrevolución. Ellos se vieron forzados a actuar.

 

Intervención gubernamental

Estos gobiernos capitalistas neoliberales giraron en 180 grados. Nacionalizaron y subvencionaron los bancos. Bombearon billones de libras en economías de todo el mundo. Pero esto no fue dirigido a la gente de la clase trabajadora, si no que a los bancos e instituciones financieras. Esta gran intervención evitó la repetición de 1929, pero no pudo detener una importante recesión económica mundial.

No fue una nacionalización socialista, por supuesto. En cambio, fue más un caso de “socialismo para los ricos”, llevado a cabo con el propósito de apuntalar el capitalismo. Esto evidenció la debilidad del capitalismo. Millones de personas de la clase trabajadora perdieron sus trabajos y hogares: ¡los niveles de vida no estaban subsidiados!

Sin embargo, los banqueros que precipitaron la crisis no solo quedaron impunes en gran parte por su papel, sino que continuaron cosechando sus bonos multimillonarios.

Una vez más, se probó lo correcto del marxismo, ya que a veces incluso los principales portavoces del capitalismo aceptaron a regañadientes que el análisis de Marx sobre el capitalismo estaba al día.

El año pasado, la revista The Economist dijo que “mucho de lo que dijo Marx parece hacerse más relevante cada día”. Por supuesto, su conclusión no es para deshacerse del capitalismo, sino para apuntalarlo.

La crisis económica está integrada en el ADN del capitalismo. Los auges y depresiones periódicas nunca se han eliminado, con una destrucción a gran escala del valor, la capacidad productiva y las habilidades laborales que se acumulan a lo largo del tiempo. Las depresiones afectan drásticamente la vida y el nivel de vida de la clase trabajadora y, al mismo tiempo, demuestran el desperdicio y la insensatez del capitalismo como sistema. Los economistas capitalistas durante cientos de años no han podido resolver este problema básico.

Rescatar al pueblo, No a los bancos

Auge  y crisis

¡En cada boom económico, los representantes de los capitalistas afirman haber encontrado la respuesta!

Gordon Brown, el primer ministro del Nuevo Laborismo en el momento del crash financiero, había afirmado repetidamente haber resuelto los males del capitalismo. Incluso en su discurso presupuestario de 2007, solo unos meses antes de que se desarrollara la crisis, dijo: “Nunca volveremos al auge y la crisis”.

El Socialist Party, a través de las páginas de The Socialist (El Socialista) y Socialism Today (Socialismo de Hoy), había analizado mucho antes los procesos que conducirían a un crash inevitable. No era una cuestión de si ocurriría, era una cuestión de cuándo. Esta afirmación no se hizo de una manera cruda como algunos que afirman que una crisis catastrófica está a la vuelta de la esquina cada año, sino sobre la base de un análisis sobrio de los factores económicos.

El desencadenante inmediato de la crisis fue la pérdida de confianza en los grandes bancos de inversión que habían invertido en préstamos que, en realidad, nunca serían reembolsados. En el fondo de esta burbuja inmobiliaria, el mercado de “hipotecas subprime” en los Estados Unidos, se  estaba otorgando préstamos a personas que no podían pagarlos.

Estas deudas enormemente arriesgadas se vendieron como productos financieros, combinados con otros préstamos de formas complejas. Los bancos obtuvieron grandes ganancias con su especulación, pero estos se construyeron sobre una endeble base financiera de deuda y riesgo.

Una variedad de formas de especulación que pretendían extender el riesgo, eventualmente se convirtieron en “instrumentos financieros de destrucción masiva”. Los problemas surgieron cuando algunos de esos riesgos comenzaron a fallar y los bancos comenzaron a admitir que no tenían idea del valor real de sus fondos de inversión.

Los mismos hermanos Lehman fueron apalancados masivamente. En otras palabras, tomó prestado 35 veces más que el valor de sus activos. Los bancos en su conjunto estaban “descapitalizados”, prestando mucho más proporcionalmente que lo que tenían en activos líquidos. El castillo de naipes financiero comenzó a colapsar y su impacto se extendió por todo el mundo. La crisis financiera inevitablemente se extendió a la economía real: la producción de cosas.

En ese momento, el gobierno de los EE. UU. intervino para rescatar a los grandes bancos de inversión como Bear Stearns y los corredores hipotecarios respaldados por el gobierno, Freddie Mae y Fannie Mac.

 

En el Reino Unido, el gobierno tuvo que intervenir para salvar Northern Rock, el Royal Bank of Scotland (RBS) y Lloyds. El canciller Alastair Darling recordó que tuvo una conversación con el presidente de RBS, entonces el banco más grande del mundo, le dijo que se estaba quedando sin efectivo. Cuando Darling preguntó “¿cuánto tiempo tenemos?”, él le respondió  “unas pocas horas”.

 

Pero la causa subyacente de esta crisis fue mucho más que la especulación financiera que salió mal. La deuda en todo el mundo se había construido a niveles sin precedentes. Comentamos sobre estas causas por adelantado.

En Socialismo Hoy, en Diciembre de 2006, Lynn Walsh escribió un artículo titulado: “¿La economía de EE. UU. Se dirige hacia la recesión?”. Explicó que el auge, hasta entonces, había sido sostenido por la deuda del consumidor. Pero la creciente desigualdad y empobrecimiento de los trabajadores que se había producido a lo largo de varios años estaba generando inestabilidad en la economía.

Dijo sobre el capitalismo estadounidense: “Su orgía de ganancias miopes ha socavado sus propios fundamentos, y el sistema enfrenta un futuro de crisis económica y agitación política”.

En otro artículo, publicado en mayo de 2007, el Partido Socialista dijo: “Detrás de la marea de liquidez hay una fuente más profunda, la sobreacumulación de capital. Los capitalistas solo invierten su dinero si pueden encontrar campos de inversión rentables. Desde la última fase del ascenso posterior a la guerra (1945-73), a los capitalistas les ha resultado cada vez más difícil encontrar campos de inversión rentables en la producción. A pesar del crecimiento de nuevos productos y nuevos sectores de la economía, en muchos sectores hay un exceso de capacidad en relación con la demanda respaldada por dinero. Miles de millones de personas son incapaces de adquirir productos básicos, y mucho menos de productos de lujo. Pues también carecen de los ingresos, y por lo tanto del poder adquisitivo, para comprar los bienes y servicios disponibles en el marco de la economía capitalista”.

El capitalismo no funciona

Contradicciones

El capitalismo tiene la desigualdad y explotación incorporadas en sus cimientos. Marx explicó que el capitalismo se basa en la creación de ganancias. Esto proviene del trabajo no remunerado de los verdaderos creadores de riqueza; la clase obrera. Los trabajadores crean valor, pero los patrones obtienen ganancias pagándoles menos de ese valor.

Con el tiempo, existe la tendencia de que los trabajadores no puedan volver a comprar todo el valor que ellos producen, con la consiguiente sobrecapacidad en la producción.

Esta contradicción puede ser superada por el capitalismo por un tiempo si los capitalistas reinvierten este excedente nuevamente en producción. Pero ahora no lo hacen, ni siquiera cumplen su misión histórica de desarrollar las fuerzas productivas. Esto subyace en el ciclo de “auge y caída” en el capitalismo.

 

En el período previo a 2007, la burbuja de la deuda sostuvo el auge durante mucho tiempo. Tenía que reventar, eventualmente. Entonces, el detonante fueron los préstamos de alto riesgo. Pero podría ser el resultado de muchos problemas diferentes en el sistema.

Los socialistas contrastan la anarquía del capitalismo, un sistema fundamentalmente no planificado  que es impulsado por la necesidad de ganancias de los propietarios individuales y las grandes corporaciones, más que las necesidades de la sociedad; con una planificación socialista democrática. Pero para poder planificar la economía, es necesario sacarla de las manos de los súper ricos y, en cambio, pasarla a  propiedad pública.

El estallido de la burbuja tuvo un impacto inmediato en la economía real. Diez millones de empleos se perdieron en los Estados Unidos y Europa. El año pasado, se estimó que la producción ahora es un 15% inferior a lo que hubiera sido si la crisis no hubiera ocurrido. En el Reino Unido, esto asciende a alrededor de £ 4,000 por persona.

Esto se ha visto exacerbado por las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos, incluso en Gran Bretaña. La recesión reduce la recaudación de impuestos del gobierno ya que las personas ganan menos. Sin embargo, cuanto más reducen el gasto público, menos personas tienen para gastar, lo que resulta en un círculo vicioso. Ahora tenemos el nivel más alto de deuda gubernamental desde la Segunda Guerra Mundial.

Las medidas de austeridad han devastado los servicios públicos. Los estándares de vida reales, para la gran mayoría, no se han recuperado de sus niveles anteriores a 2007. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, comentó el año pasado que no ha habido un período de crecimiento de ingresos tan débil en Gran Bretaña desde el siglo XIX.

La desigualdad ha seguido creciendo: el patrimonio neto de los 500 billonarios más importantes del mundo creció un 24%,  a $ 5,38 billones en 2017. Oxfam dice que el 82% de la riqueza generada el año pasado se destinó al 1% más rico de la población mundial. La mitad más pobre del mundo, 3.700 millones de personas, no recibió ningún aumento.

 

‘Recuperación’

La ‘recuperación’ económica desde 2008 ha sido extremadamente débil, y hay muchos factores que apuntan a otro colapso en el horizonte. ¡Nuevamente ha aumentado la deuda, ahora al 240% de la producción anual total del mundo, que asciende a $ 30,000 por persona!

El editor estadounidense del Financial Times dice de los bancos: “Lo que sucedió es una dependencia de la deuda privada: la heroína, si se quiere, ha sido reemplazada por una dependencia de la deuda pública: la morfina. El sistema en su conjunto todavía está desequilibrado “.

Toda la serie de amenazas que enfrenta la economía mundial, incluido el aumento del proteccionismo comercial, liderado por Trump, así como la agitación política y el cambio climático.

El marxismo no es determinista. No hay una “crisis final” del capitalismo. No colapsará por sí mismo. El papel de la clase trabajadora a nivel internacional, con el apoyo de la gran mayoría de la población mundial, es acabar con el capitalismo y reemplazarlo por un sistema más humano y más sano. El papel de los socialistas en proporcionar un análisis, una alternativa y una estrategia,  es vital.

Los bancos y las instituciones financieras, junto con el número relativamente pequeño de empresas masivas que dominan la economía, tanto en este país como en todo el mundo, deben ser nacionalizados y puestos bajo control democrático.

Eso permitiría poner en marcha un plan para producir lo que se necesita, utilizando los recursos del mundo de una manera sostenible para beneficiar a toda la sociedad.

Permitiría el fin de la pobreza, la desigualdad y todos los horrores causados ​​por el capitalismo.

Pero para lograrlo, necesitamos construir un movimiento de masas y una fuerza socialista que pueda intervenir en los eventos. El resultado de la austeridad impuesta al mundo desde 2008 ha sido la inestabilidad política.

En muchos países ha habido grandes movimientos hacia la izquierda, pero también ha crecido el populismo de extrema derecha, ya que la gente se desilusiona cada vez más con los partidos políticos establecidos.

En los próximos años enfrentaremos una serie de crisis económicas y una búsqueda de respuestas por parte de millones de personas de la  clase trabajadora y la juventud. Necesitamos construir partidos de masas con la respuesta socialista al capitalismo.

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