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La ideología del colonizador, su impacto siniestro

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Por Mario R. Fernández

Los aborígenes han sufrido genocidio en Canadá y este ha sido recientemente noticia debido al hallazgo, el pasado mes de mayo, de 215 cuerpos de niños y niñas enterrados en fosas comunes en la localidad de Kamloops (Tk’emlúps es su nombre aborigen original) en la provincia de British Columbia en el oeste canadiense.  Es un descubrimiento estremecedor no solo por el número de restos de víctimas encontradas sino porque algunos de los restos pertenecen a niños de apenas tres años de edad. El descubrimiento no es, lamentablemente, el primero de este tipo y sabemos, porque los aborígenes canadienses lo dicen, que no será el último.  Unos 150.000 niños aborígenes canadienses fueron enviados por la fuerza, incluso robados, a más de 150 escuelas internados para “educarse.” Estas escuelan prohibían el uso de su idioma materno y eran castigados duramente si lo usaban.  Miles de estos niños nunca regresaron a sus familias mientras que la mayoría de quienes regresaron volvieron traumatizados por la experiencia y los abusos sicológicos, físicos y sexuales, a los que fueron sometidos. Eran verdaderas escuelas del infierno, creadas por la colonia y por el estado canadiense antes de 1840, pero formalizadas como sistema a partir de 1863 y vigente hasta 1996.  En 1930, 80 de estas escuelas funcionaban al mismo tiempo en todo el país, estaban administradas, a través de contratos extendidos por el gobierno canadiense, en su mayoría por la iglesia católica, pero por otras iglesias también. La segunda en importancia era la iglesia anglicana, pero participaron también en este genocidio cultural las iglesia presbiteriana y bautista y la iglesia unida de Canadá.                        

Luego de muchos años de denuncias por parte de los aborígenes canadienses, ya para el año 1907 se tenían pruebas del abuso y de los crímenes que sufrían los niños recluidos en estas escuelas, pero tampoco el gobierno canadiense hizo nada para detener estos abusos.  No fue sino hasta 1998 que el gobierno federal en Canadá crea un fondo de 350 millones de dólares para lidiar con el legado de estas escuelas. Esto no quiere decir que estos fondos fueron usados para ayudar a los afectados por los maltratos que recibieron en estas escuelas, o entregados a ellos.  No, los afectados han sido en realidad tramitados, ha habido muy poca transparencia al respecto del uso de estos dineros públicos. Sorprendentemente el gobierno ha gastado millones de dólares en abogados para prevenir el pago de indemnizaciones a un grupo de sobrevivientes de la escuela-internado St. Anne que ha buscado en la corte compensación por los abusos que experimentaron. Esto muestra las contradicciones que el gobierno federal mismo ha tenido y tiene con respecto a este asunto, y las falsedades que ha promovido para ocultarlo.

En el año 2008 el gobierno federal establece una Comisión de Verdad y Reconciliación para lidiar con este tema y con las 7000 personas sobrevivientes que fueron niños abusados en sus escuelas. Pero al año siguiente, el mismo gobierno federal le niega a la comisión un modesto fondo de 1,5 millón de dólares declarado necesario para continuar la búsqueda de restos de niños que se sospechaba enterrados en propiedades de estas escuelas y de las instituciones religiosas involucradas.  Finalmente, y hace poco tiempo, el gobierno federal aportó 25 millones de dólares para la identificación de restos encontrados, algo pendiente que era además una vergüenza en un país donde se habla tanto de los “derechos humanos.”   

De acuerdo con la Comisión de Verdad y Reconciliación, hay más de 4100 niños fallecidos por enfermedades o negligencia y a consecuencia de abusos brutales e incluso asesinados. Cerca de la ciudad de Halifax, en las provincias atlánticas de Canadá donde vivo, la escuela residencial de Shubernacadie fue fundada en 1930 y funcionó hasta 1967 administrada por la iglesia católica. Un arqueólogo local de la Universidad de Saint Mary ha comenzado la búsqueda de restos de niños que sospecha encontrará, ellos vendrán a ahondar el tenor de esta tragedia.

Hace algunos días, en la provincia de Saskatchewan se encontraron 751 tumbas cubiertas sin nombre en la propiedad de lo que fuera una escuela católica de las mencionadas, se trata de Marieval Indian Residential School.  El 20 de junio se publicó el hallazgo de 104 tumbas en tres cementerios de una de estas escuelas en Brandon Manitoba, la institución tiene solo registro histórico de la mitad de estas tumbas, en semanas sabremos más resultados. Recientemente fueron encontradas 160 tumbas sin nombre y sin documentación, nuevamente en la provincia de Britsh Columbia, en Kuper Island de la Tribu Penelakut donde funcionó también una escuela residencial de la iglesia católica entre 1890 y 1970.

En el pasado ninguna autoridad canadiense, y al parecer la mayoría de los ciudadanos no aborígenes, pensaba que era problemático forzar a los niños aborígenes a aceptar como parte de su educación estas escuelas-internados sin consentimiento explícito de sus padres; todo lo contrario, la mayor parte de ellos entendían que era correcto “sacarle su identidad” a los niños aborígenes y tratar de integrarlos, aunque sea por la fuerza, a la “civilización.”  Entendidos como “salvajes” y “herejes” la integración forzada no era sino un camino a la “vida integra.”  El abuso en las instituciones religiosas cristianas fue de siempre, y aplicó no sólo a los niños aborígenes, la vimos en colegios, orfanatos y en centros comunitarios vinculados a diferentes iglesias.

El abuso a niños tampoco se limita a los niños aborígenes. El programa creado en Inglaterra, con la participación de Canadá, para los niños británicos que en su mayoría eran pobres, el British Home Children comenzó en 1869 y se extendió hasta 1948.  El programa embarcó a más de 100.000 niños y niñas de entre 6 y 15 años de edad (y también menores, incluso algunos niños no cumplían un año de vida) provenientes de orfanatos y de la calle -y un porcentaje incluso venían de familias muy pobres. En Canadá desembarcaron -igual que en otras colonias británicas, para ser adoptados por familias mayormente rurales que los usaban para operar su granja. Su compromiso de trabajo se extendía hasta que los niños cumplían 18 años. Muchos de estos niños venían con sus hermanos y/o hermanas, pero una vez en tierra canadiense eran separados a conveniencia de la familia de llegada, algunos hermanos separados vivían cerca pero no lo sabían porque nadie se los informaba. Muchas historias desgarradoras han sido publicadas al respecto, pero lo peor era el nivel de abusos, sobre explotación y pobreza que muchos sufrieron y que en definitiva fue la misma o incluso peor que la que vivián en sus lugares de origen. Pocos tuvieron suerte de encontrarse con padres adoptivos buenos, que los trataron con cariño y los protegieron.  

La civilización occidental se ha jactado por siglos de creer en un solo dios que ha puesto la familia y reproducción como los principales elementos de la sociedad y sin embargo ha sido cruel en particular con los niños. Una civilización que dice admirar el arte y la ciencia, que habla de la importancia de la ilustración y que se proclama humanista y democrática- pero que ha cometido algunos de los crímenes más grandes de la humanidad, despojado a otros, maltratado a los suyos mismos, pero que se sigue afirmando, diría “irracionalmente,” como la dueña absoluta de la verdad al tiempo que se autoengaña con los mitos que ella misma crea y usa en mantener su gran mentira.                                                                                                                                                                    Toda cultura y civilización se apoya en principios ideológicos, occidente se apoya en el cristianismo que a partir de Justiniano el Grande emperador del Imperio bizantino (527 E.C.) reconquista por un tiempo corto gran parte de lo que había sido el Imperio Romano del oeste. Si es cierto que Justiniano creó leyes que protegieron a las mujeres de los abusos de los hombres en el área de la prostitución, es también verdad que Justiniano no fue nada tolerante incluso con los propios cristianos monofisitas (sin mencionar a quienes tenían diferente creencia) a quienes persiguió y condenó con brutalidad. Mostró también totalitarismo frente a un levantamiento popular en su contra mandando asesinar a más de 30.000 civiles desarmados.  Toda persona que no aceptaba el cristianismo calcedonio que Justiniano imponía era declarado hereje y enemigo y por lo tanto estaba condenado a ser eliminado físicamente. Los samaritanos de origen hebreo no escaparon su genocidio a manos del emperador.

En el año 768 aparece Charlemagne (Carlomagno) rey de los francos, nieto de Charles Martel, hoy héroe legendario de grupos fascistas que odian al islam. Charlemagne refunda en su reinado el estado y muchas de sus instituciones desaparecidas luego de la caída del Imperio Romano. Este rey franco, no es famoso por esto, sino por sus guerras de conquistas y por su empecinamiento en derrotar y someter a los sajones del norte de Alemania a quienes odiaba y denominaba “herejes y salvajes,” justificación que le sirvió para eliminarlos físicamente y robarles todo el oro y la plata que poseían. En sus primeras campañas el rey franco mandó a destruir el lugar sagrado del pueblo sajón en Irmisul, era una columna como tronco que simbolizaba los árboles y bosques que los sajones veneraban, creencia que hoy día sería ecológica y tendría mucho más sentido que los mitos cristianos. La resistencia de los sajones continuó hasta que en octubre del año 782 en Verden lugar donde Charlemagne manda a masacrar 4500 sajones en un solo día, se trata de una de las masacres más relevante y más discutidas de la historia medieval. El rey de los francos fue consagrado por la iglesia en Roma con el título de Emperador y Padre de Europa y la responsabilidad de proteger al mundo cristiano y occidental -lo que termina con el cuentito que desde tiempos de San Agustín hablaba de la llegada del “anticristo y del fin del mundo.”  Hasta Hitler y los nazis, alemanes ellos mismos, reconocen a Charlemagne como gran héroe (tal como se lo reconoce hoy en todo occidente) aunque Charlemagne asesinó sajones alemanes (y otras nacionalidades europeas).

Otro monstruo venerado de occidente por su “contribución a la civilización occidental y su ideología cristiana” fue el famoso Richard I rey de Inglaterra entre 1189-1199 conocido como Richard the Lionheart’s (Ricardo Corazón de León). Este rey odiaba a todos los “diferentes” y en especial a las mujeres y a los judíos, tanto que cuando se coronó rey prohibió que a la ceremonia entraran mujeres y judíos. Algunos judíos, que traían regalos para el rey, entraron y como agradecimiento, Richard I los mandó a desnudar, a azotarlos y a tirarlos fuera de la corte. El rey no quedó allí, pronto mandó a asesinar a todos los judíos, varios fueron quemados vivos mientras que unos pocos fueron forzados a convertirse al cristianismo. Entre los asesinados famosos está el académico Jacob of Orléans.    El rey Richard I tomó parte en la tercera cruzada a las “tierras santas” el año 1189, donde trató de reconquistar y saquear Jerusalén que había sido recuperada para el islam por el sultán Saladín en 1187.  Los intentos de los cruzados de tomar Jerusalén fracasaron, pero Richard l mantuvo 2700 prisioneros musulmanes como rehenes contra Saladín y ordenó ejecutarlos a todos asesinando incluso a muchos de sus propios aliados, entre ellos a Conrad. Por este hecho Richard I fue detenido y hecho prisionero por un tiempo por el duque Leopoldo de Austria cuando Richard huía de regreso a Inglaterra. Lo salvó el papa de Roma que ordenó que todo el que detenga un cruzado está contra la ley y sería excomulgado. Así fue que el “héroe cruzado” quedó libre.                                                                                  

El cristianismo significa occidente, pero nació y se institucionalizó en Anatolia y el Levante; se hizo significante con la conversión del emperador romano Constantino el año 312 quien aceptó el cristianismo no particularmente por ser piadoso sino porque vio que los podía unir bajo una ideología para el futuro. Así ha sido hasta el presente y occidente ha sido una civilización totalitaria e intolerante, incluso en sus propios territorios. Por ejemplo, el año 1525 la Revolución Campesina en Alemania, una rebelión contra las autoridades del poder económico y eclesiástico en favor de establecer una comunidad cristiana de igualdad, fue exterminada. El movimiento cristiano anabaptista fue también perseguido, sus miembros torturados y ejecutados como los campesinos alemanes hasta que su número disminuyó marcadamente; su persecución continuó por largo tiempo, huyeron sobreviviendo hoy en comunidades menonitas, huteritas, amish entre otros.                                                                                                                                                                           La vergüenza mayor para algunos, orgullo para otros, ha sido la Inquisición. Esta le dio control total a la iglesia y a los poderosos en su ejercicio de poder absoluto a partir del siglo 12 en Francia. Allí comienza una verdadera cacería humana en contra de “otros cristianos” declarados por los inquisidores “herejes.” Y aunque estos tribunales cristianos no tenían jurisdicción sobre judíos ni musulmanes u otros, no escapaba nadie de sufrir persecución y muerte. Con la mentalidad de la Inquisición, los reinos de Portugal y España (en el siglo 16) y luego los de Inglaterra, Francia y Holanda (entre otros europeos “civilizados”) colonizan América, Asia y África, y establece el bien conocido abuso y crimen institucionalizado de la esclavitud, el trabajo forzado y la usurpación y explotación económica de poblaciones aborígenes. Millones de personas inocentes perecieron o fueron ejecutados en nombre de dios y de la civilización occidental, infamia perpetrada hasta el siglo 19.

La iglesia católica misma apoyó y usó la esclavitud: el propio Papa tenía esclavos que consideraba de su propiedad. Tal como lo dice el Viejo Testamento, y a usanza incluso en nuestros días, cristianos y judíos celebran el año de Jubileo (cada 25 o 50 años) que no es sino la conmemoración y celebración de cada tanto tiempo liberar algunos esclavos. El Nuevo Testamento también dice claramente que los esclavos deben obedecer a sus amos, al mismo tiempo que en otras partes dice que ante dios somos todos iguales contradicción convenientemente nunca aclarada.

Todo esto, que parece ser la historia de cómo la civilización occidental fue construida, no quita que su ideología siga imponiéndose hoy a nosotros y al mundo como nada más justo y lógico, y siempre al servicio de ricos y poderosos. Es cierto que en ocasiones la ideología occidental ha sido desafiada y cuestionada. Por ejemplo, la desafió la Revolución y la Independencia de Haití (1791-1804) y la Revolución Rusa de 1917 -cuyo liderazgo formó eventualmente su propia inquisición con los años. La cuestionó también la República Española y hasta el gobierno de la Unidad Popular en Chile liderado por Salvador Allende. La sigue desafiando la Revolución Cubana con su foco en la solidaridad. La cuestiona el Estado Plurinacional de Bolivia y el proceso bolivariano de Venezuela. Sin duda han existido renovadores fraudulentos como los liberales y otros charlatanes opuestos a revolucionarios y otros progresistas verdaderos, a marxistas y a anarquistas y hasta a cristianos del evangelio social y de la liberación, todos ellos con logros y ejemplos de lucha que sobreviven en nuestros días.  

La apariencia de democracia, o de derechos, es delgada como un enchapado y se va desapareciendo en casi todo occidente intolerante, más cuando algunos países de Europa reclaman una tradición fascista y otros los más poderosos simplemente siguen cometiendo atropellos a la naturaleza que dicen proteger y a otros pueblos del mundo con discriminación, crímenes, pillaje y continuamente expresando odio esquizofrénico contra los que han declarado enemigos de su civilización y contra los “herejes” en casa.

El control ideológico hoy, no parte de las iglesias ni sus instituciones, que se han hecho hoy menos relevante, no se requiere hoy creer en dios como antes, y la tribuna política está desprestigiada, por su incapacidad y corrupción. El arma de control fundamental es hoy la propaganda, a través de la comunicación y el espectáculo, efectivos en controlarnos y recordarnos que nada alcanza las alturas de la “civilización occidental” la más sublime creación humana. Hay otras culturas y civilizaciones (mejores o peores que la occidental) pero somos parte de esta, por lo que mientras no la examinemos frente a frente y cuestionemos en su capacidad de falsedad, robo, crimen, opresión, seguiremos atrapados en ella.

Esta es la razón porque se cometieron estos crímenes institucionales contra los niños aborígenes de Canadá, esta no es una historia aislada ni tampoco este crimen es casual si no parte de toda una civilización, como son todas las historias de opresión y crimen que sabemos, tampoco es cosa solo del pasado sino también del presente. Hoy muchos piensan igual, de ejemplo está el nuevo ministro de asuntos indígena de la provincia de Manitoba Alan Lagimodiere que expreso después de haber jurado a su cargo que: “las escuelas residenciales para niños aborígenes hicieron lo correcto ya que fueron diseñadas para preparar niños para que se adapten a la sociedad”.

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