Inicio Análisis y Perspectivas ¿A dónde va el Estado Español?

¿A dónde va el Estado Español?

71
0
Compartir

Una terrible economía y una juventud sin futuro

[Imagen: Protestas contra las alza y abusos de las compañías eléctricas en España]

por Elio Percin

Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT)

Ahora mismo hay una generación de jóvenes trabajadores en el Estado Español que no tienen ni idea de que significa la palabra “prosperidad”. Aquellos que tomaron conciencia de su alrededor después de la crisis del 2008, en el cual la enorme burbuja inmobiliaria que tanto había beneficiado inversores especulativos y banqueros explotó, no han visto nada más que el empeoramiento de condiciones laborales, recortes en los servicios públicos, y un paro masivo. Esta generación joven, ahora en la adolescencia tardía, es probablemente la generación que menos teme la recesión que está por venir, pues no conocen nada más que las pésimas condiciones de vida actuales y las muchas derrotas de los movimientos sociales o políticos recientes contra estas condiciones. Hay menor temor al empeoramiento de las condiciones si uno no sabe que las cosas podrían ir bien. Es tentador ver en la juventud una generación pasiva, que se siente frágil y condenada a la perdición. Por más arraigado que esté este sentimiento de impotencia en la juventud del Estado Español, es un error pensar que no son capaces de movilizarse y luchar por su futuro. La actual situación económica, que les obliga a pensar menos en vivir y más en sobrevivir, también les da menos que perder, y a menores las pérdidas potenciales, mayor la voluntad de luchar. La absoluta claudicación de Podemos como polo de atracción y método de organización para esta juventud no es un obstáculo impasable, tan solo un detergente de potenciales explosiones del malestar juvenil y de la clase trabajadora, así como de la formación de nuevos movimientos y organizaciones.

Para la clase trabajadora en el Estado Español la situación no podría ser más crítica. A principios de este año un estudio de la Universitat de Barcelona concluyó que uno de cada diez españoles necesita ayuda de parientes, la administración publica o una organización caritativa para ser capaces de alimentarse. Desde entonces, la guerra en Ucrania ha significado el bloqueo de la importación de maíz al Estado Español, lo que hace una ya mala situación aún peor.  El acceso a los alimentos también es dañado por un agudo incremento en la inflación (8.5% en el momento de escribir esto), catapultada especialmente por el ascenso en los precios de la electricidad. La electricidad en el Estado Español, uno de los países que la tienen más cara, ha sido siempre un tema agrio. La disrupción del suministro de gas debido a la guerra en Ucrania es solo una de las causas por las cuales 4,5 millones de españoles no pueden pagar sus facturas de la luz y la electricidad haya subido de precio un 80%. Incluso antes de la guerra y la pandemia, aproximadamente 7,6% de españole no podían permitirse poner la calefacción durante el invierno. Incluso más relevante que los problemas de provisionamiento es la larga influencia de las compañías eléctricas, perfectamente visible en la puerta giratoria entre escaños y posiciones en juntas de administración. Muchos exministros (incluyendo dos expresidentes del gobierno y un expresidente de la Generalitat catalana) son parte de los consejos de administración de compañías eléctricas privadas, recibiendo cuantiosos salarios y beneficios por muy poco esfuerzo.

Los altos cargos del PP y PSOE saben que, si ayudan a las compañías eléctricas, estas les ayudaran personalmente. Esto ha ido ocurriendo durante décadas y es la causa principal de la inacción del gobierno respecto a controlar el sector energético privado. La expresión mas grotesca de esta sumisión a las compañías eléctricas ocurrió en 2015 con el infamen “impuesto al sol” (hecho ilegal por la Unión Europea en 2018), poniendo impuestos en la instalación de paneles solares en hogares para autoproducir electricidad, hasta el punto de hacer que instalar paneles solares fuera más caro a largo término que recibir la electricidad por la red eléctrica. En vez de aprovechar las condiciones climáticas de gran parte de la península y promover la energía verde, el gobierno actuó para proteger el dominio que las compañías eléctricas tienen de este país.  Otra muestra de su poder fue el proyecto Castor, un proyecto de extracción del gas en la costa mediterránea que tuvo que ser paralizado en 2014 porque estaba generando terremotos. Cuando el proyecto fue cancelado, el gobierno tuvo que compensar a la empresa propietaria de la plataforma, la Escal de Florentino Perez, con 1.350 millones de euros. ¡No es de extrañar que en el Estado Español existan las facturas de la luz más caras de Europa, no hay nada que pare los abusos de las eléctricas en este país!

Cada vez más españoles sufren de mayores dificultades en la situación actual para calentar sus hogares y llevar comida a sus mesas. Ante esta situación solo se puede recibir con horror las palabras del presidente de la reserva federal de los Estados Unidos (las decisiones del cual pueden tener impactos en muchas economías occidentales) cuando dice que para controlar la inflación sería conveniente pasar por una recesión “suave”. En el Estado Español la palabra “recesión” trae a la mente imágenes muy tristemente familiares: las largas colas en frente de las oficinas de empleo y la policía, armada, entrando en las casas de la gente para desahuciarlos.

El desempleo ha sido siempre un problema crónico en el Estado Español desde que estalló la burbuja inmobiliaria en 2008. Actualmente el desempleo ronda alrededor del 13,5%, pero para aquellos con menos de 25 años llega al 30%. Tres de cada diez jóvenes trabajadores no pueden encontrar un trabajo. La situación laboral de los trabajadores jóvenes antes de la pandemia era la misma que ahora, y combinada con altos precios para adquirir casas o alquilar, ya entonces 65% de los jóvenes entre 16 y 34 años no podía permitirse emanciparse, incluso si tenían un trabajo. La crítica situación de los jóvenes llega a límites tragicómicos. Los empresarios piden cualificaciones cada vez más específicas, desde grados profesionales para servir cafés hasta masters específicos para enseñar en las escuelas, por lo que adolescentes de 16 años se ven forzados a tomar decisiones que determinaran si podrán acceder a un empleo durante el resto de sus vidas. Los trabajadores jóvenes muchas veces no tienen otra alternativa que trabajar en ETTs ( Empresas de Trabajo Temporal) con salarios bajos y condiciones laborales mediocres que no les permiten conseguir ningún tipo de estabilidad personal. Ningún gobierno ha intentado solucionar el enorme problema del paro juvenil, han seguido la filosofía del exconseller de la Generalitat catalana Francesc Xavier Mena, que en 2012 tuvo la barra de decir “que se vayan a servir cafés a Londres” en respuesta a demandas por acción contra el paro juvenil.

Los desahucios son otro problema grave. Desde 2008 se ha podido ver frecuentemente a la policía desahuciando residentes de sus hogares, algunos de ellos habiendo vivido allí durante décadas. De hecho, algunas de las acciones más combativas contra la austeridad y los recortes han tenido lugar en el campo del alojamiento, durante años muchos activistas han estado juntándose frente los hogares de gente a punto de ser desahuciada para parar el desahucio, algunas veces siendo brutalmente agredidos por la policía. El acceso a la dación en pago aún está muy limitado, y sólo es posible en un primer lugar gracias a años de lucha social. Por lo tanto, mucha gente no solo está siendo desahuciada, sino que aún tienen que pagar la hipoteca de un hogar que no tienen.

Pero el problema no solo es gente siendo desahuciada, sino también la incapacidad de muchos para permitirse alquilar un hogar. En algunas áreas turística, por ejemplo, Barcelona, los vecinos no están siendo expulsados de sus hogares para introducir nuevos inquilinos, sino para hacer apartamentos turísticos y residencias de alto standing. La gente joven que quiere emanciparse muchas veces no puede permitirse vivir en la zona donde han crecido, y tienen que irse cada vez mas lejos de los núcleos urbanos, donde hay la mayoría de empleos, para encontrar algún tipo de alojamiento. Los propietarios y las inmobiliarias extorsionan los inquilinos tanto como pueden. Actualmente el alquiler mensual medio por metro cuadrado es de 10€. Por lo tanto, un piso pequeño de 70 metros cuadrados puede costar hasta 700€ mensuales. El salario medio para alguien de menos de 29 años son 975€ mensuales. Es obvio que es prácticamente imposible pagar alquiler, facturas y gastos básicos con el salario de una persona joven. Según el Consejo de la Juventud de España, una persona joven que vive sola tiene que dedicar 92,2% de su salario sólo al alquiler. Los altos precios de la propiedad y los altos alquileres, combinados con alto desempleo son una receta para el desastre, dejando muchos hogares españoles al borde de la indigencia.

Es inevitable que esta situación crítica e inestable provoque la ira e indignación de gran parte de la sociedad. En cualquier momento, con las circunstancias adecuadas, podrían surgir movimientos sociales masivos. Aún así, esta nueva situación puede ser diferente a la experiencia de los indignados en las primerías de los 2010s. La juventud en el Estado Español no sólo desconfía de su gobierno e instituciones, que los han abandonado durante décadas, también desconfía de las propias organizaciones de izquierda y obreras, desde partidos políticos hasta sindicatos, que los han traicionado repetidamente.

Retrocesos democráticos y el fracaso de las instituciones

En medio de esta situación económica, las instituciones del Estado Español, en vez de intentar solucionar los graves problemas económicos que tienen a la juventud paralizada, han decidido, como siempre, centrarse en poner a los “nuestros” en sus sillones. Los partidos dinásticos, PP y PSOE, no actúan tanto como partidos políticos sino como redes sociales de la elite compitiendo por cargos públicos, sin preocupación alguna hacia la población y capaces de incluso atacar abiertamente la democracia si eso avanza sus intereses. La reciente revelación de los audios de Villarejo muestra abiertamente (como ya lo mostraron otros casos de corrupción, la mayoría con sus perpetradores aún impunes, con anterioridad) lo que ya se sabía desde hace décadas, que el Estado está lleno de corrupción, que se basa en una economía de favores, y que es capaz de hacer cualquier cosa para favorecer los intereses de la burguesía española, incluso minar la democracia. Si la alegación de Villarejo, que el CNI (Centro Nacional de Inteligencia) fue permisivo con la célula terrorista que ejecutó el atentado del 2017 en Cambrils y Barcelona por tal de permitirles dar un “pequeño susto” a Cataluña, algún día de confirmarse totalmente, mostraría cómo de lejos está dispuesto a llegar el Estado para avanzar los intereses de sus beneficiarios.

 La manera como el Estado ha tratado Cataluña en general muestra muy claramente las tendencias autoritarias en el núcleo del gobierno. Estas tendencias autoritarias fueron claramente expuestas en la actividad represiva del Estado hacia el movimiento independentista. No fue suficiente para ellos perseguir a los políticos, también pusieron su diana en activistas civiles e incluso artistas. Especialmente escandaloso es el caso del rapero Valtonyc, actualmente en el exilio, que ha recientemente vencido al Estado Español en un juzgado belga, consiguiendo que su extradición fuera denegada. ¿El crimen de Valtonyc? Escribir e interpretar una canción crítica con la monarquía. Otro caso es el de Tamara Carrasco, que en 2018 fue detenida, acusada de provocar desordenes públicos, por enviar un mensaje de Whatsapp a un grupo activista independentista. Usando una medida normalmente reservada para casos de violencia de género, el juez ordenó que Carrasco fuera confinada a su ciudad hasta el juicio. Fue absuelta en enero de 2021, pero solo después de que el Estado Español le hubiera infligido un innecesario e inmenso daño a ella y su entorno. Recientes alegaciones que un agente de la Policía Nacional se infiltro en organizaciones de la izquierda independentista en Cataluña muestran de lo que es capaz el Estado Español para acallar cualquier disensión.

Santiago Abascal, líder de VOX

¿Quién gobierna el Estado Español? A veces parece que el gobierno tiene un poder limitado, y que el poder real detrás del trono son grupos de oligarcas, altos funcionarios y jueces poderosos y ultraconservadores. La “cloacas del Estado”, que siempre ostentan el poder haya quien haya en la presidencia del gobierno, son las que tienen la influencia real en el funcionamiento del Estado Español. Estos elementos son ahora representados por el partido político ultraderechista Vox. Vox tiene pocas raíces en la clase trabajadora, es en realidad un partido político y lobby representando los intereses de las “cloacas”. Luchar contra Vox en las calles es solo una parte de la ecuación, hay también necesidad de luchar contra ellos en las urnas, y amputar a sus patrocinadores del poder oculto que ostentan.

  ¿Qué futuro tienen los trabajadores y la juventud?        

Los españoles, a primera vista, parecen haberse rendido y aceptado esta situación, como si fuera inevitable. La aparente inexistencia de una resistencia es debido al fracaso de los grupos en la izquierda, que debieran haber estado a la vanguardia en la lucha contra la actual crisis social y económica. Los sindicatos principales en el Estado Español son auténticas burlas del sindicalismo, con un liderazgo que puede ganarle en lo corrupto y oportunista a muchos políticos. Podemos, antaño el gran proyecto del movimiento de los indignados, es hoy poco más que una muleta para el PSOE. Hay un claro vacío donde debería haber una alternativa, un partido de masas para la clase trabajadora en el Estado Español.

Ione Belarra, secretaria general de Podemos y Ministra de Derechos Sociales

¿A dónde va el Estado Español? La crítica situación de la mayoría de su población y la actitud de “hacer lo de siempre” de sus instituciones apuntan hacia la emergencia de movimientos sociales que buscarán luchar y resistir, luchas más nacidas de la desesperación que de un programa o perspectivas claras. Al no haber organizaciones de masas adecuadas para la clase trabajadora, la mayoría de estas luchas serán locales y, hasta cierto punto, desorganizadas. Pero pueden ser la semilla de una resistencia más organizada, y de acciones más efectivas. En los meses y años venideros el Estado Español se verá sumido en una lucha entre una oligarquía que intenta preservar el status quo y una clase trabajadora empobrecida que no tiene ya nada que perder y que adopta ideas y acciones más militantes debido a su desesperación. Es importante que la clase trabajadora en el Estado Español sepa que tienen fuerza suficiente para organizarse y luchar, y que no tienen que escuchar los cantos de sirena de una ultraderecha al servicio de las cloacas del Estado. Los socialistas y sindicalistas militantes en el Estado Español deberían empezar a organizar el largo y complicado proceso de establecer una alternativa de masas para la gente de clase trabajadora.

En el Comité para una Internacional de los Trabajadores estamos a favor de la formación de un partido de masas de la clase trabajadora, del derecho a una vivienda asequible, a empleos dignos con buenas condiciones, al derecho a la autodeterminación y contra la opresión estatal. Creemos en la necesidad de una lucha organizada de trabajadores y juventud por tal de superar el capitalismo y formar una sociedad socialista.       

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here