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La lucha de los trabajadores en Francia está en ebullición

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Después de más de 45 días de huelga y 62 semanas de protestas de los chalecos amarillos (gilets jaunes), el apetito de lucha de los trabajadores franceses se mantiene.

 

Jaimes Ivens, participante en las protestas de Francia.

Socialist Party, CIT en Inglaterra y Gales.

                                                                                                                                                           

Los sindicatos sumaron a  250.000 personas en el día nacional de acción en París el 17 de enero. La manifestación fue airada y muy decidida, pero también con una atmósfera de fiesta. Los trabajadores marcharon -a menudo en uniforme- detrás de furgonetas sindicales adornadas con pancartas, banderas, altavoces y maniquíes.

 

Los huelguistas comparan la confrontación del presidente Emmanuel Macron por las pensiones con el asalto de Maggie Thatcher a los mineros de Gran Bretaña. Lo ven como un intento de romper los sindicatos y abrir el camino para el robo capitalista sin restricciones.

 

Hay un apoyo público mayoritario para la huelga. Están luchando contra un ataque generalizado a las pensiones de todos los trabajadores: trabajar más tiempo, conseguir menos. Pero los trabajadores del transporte han llevado la carga de los paros continuos, casi solos.

 

También se han desarrollado largas huelgas en las escuelas y algunos otros lugares de trabajo. Y cientos de miles más han salido a la calle en varios días de acción nacional. Pero la huelga aún no es generalizada.

 

El ritmo del movimiento se vuelve intermitente a medida que los huelguistas se reagrupan. Pero las acciones locales y algunas pequeñas huelgas no relacionadas todavía estallan diariamente, todavía sin coordinación, como burbujas en un caldo hirviendo.

 

Sin que recientemente se haya sentido una derrota decisiva o una traición en un movimiento de huelga, la moral sigue siendo alta. Y algunos están empezando a cuestionar cómo atraer a más trabajadores a la lucha.

 

Gauche Révolutionnaire (Izquierda Revolucionaria, CIT en Francia) vendió docenas de su periódico, l’Égalité, y discutió con muchos huelguistas. Hay una amplia apertura a las estrategias para construir una huelga general para derrocar al presidente Macron, y la necesidad de un partido obrero de masas.

Compañeros de Gauche Révolutionnaire difundiendo su períodico

De hecho, los huelguistas aplaudieron cuando propusimos estas ideas en el mitin de clausura de una marcha en los suburbios de París el 18 de enero. Sin embargo, los líderes sindicales han restringido sus demandas a impedir la ‘reforma’ de las pensiones.

 

Los aproximadamente 200 manifestantes de esta manifestación local se horrorizaron al enterarse de la extensión de la edad de jubilación en Gran Bretaña. También aplaudieron la idea de una huelga similar en Gran Bretaña para resistir el nuevo proyecto de ley antisindical de Johnson y la continua austeridad.

 

En cierto sentido, Macron ya ha perdido. Su partido, La République en Marche, se enfrenta a una paliza en las elecciones locales de marzo.

 

Tanto es así que ha cambiado las reglas sobre cómo se anuncian los resultados de las elecciones para enmascararlo. Y el principal candidato de ‘En Marche’ en el suburbio parisino de Noisy-le-Grand, por ejemplo, ¡se presenta sin el nombre de su partido!

 

La izquierda

 

Sin embargo, hay un vacío a la izquierda. Los trabajadores se vuelcan a las manifestaciones de huelga o a las marchas de los chalecos amarillos. Pero no hay todavía un cuerpo de coordinación política, un partido de trabajadores, para unir los movimientos y desafiar al mismo Macron.

 

Esos movimientos incluyen los famosos gilets jaunes. Habiendo derrotado el impuesto a la gasolina de Macron, sus demandas ahora incluyen la abolición de todos los impuestos regresivos, como el IVA.

 

En la marcha de  París el 19 de enero, nos unimos a unos 15.000 manifestantes.

 

La marcha soportó una grave provocación policial. Policías antidisturbios blindados (CRS) la rodearon, intimidando a los gilets jaunes e imponiendo un ritmo dolorosamente lento.

 

Al final, frustrados, la marcha se separó de la policía, y el odiado CRS atacó con gas lacrimógeno y arrestos. La represión policial vuelve a ser un tema candente en Francia, y no sólo para los gilets jaunes.

 

Todavía faltan dos años para las elecciones presidenciales. Los huelguistas están recuperando el aliento, pero la reforma no es todavía una ley y no tienen ninguna intención de parar. «On ne lâche pas», cantan: «¡no vamos a dejarlo pasar!»

 

Un golpe definitivo no parece posible para ninguno de los dos bandos hasta dentro de un tiempo. Pero la ventaja está en los trabajadores. Una estrategia sindical democrática y combativa y pasos hacia un partido obrero de masas son la clave.

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