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América Latina – Entre el ascenso de la derecha y las convulsiones sociales

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por Pedro Albornoz

Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT)

En un contexto internacional de conflictos armados, de guerras comerciales y crisis económicas en desarrollo; América Latina ha estado particularmente convulsionada el último tiempo.

Pero las crisis permanentes en la región, la pobreza y desigualdad crecientes, no son frutos del azar; sino que se explican por la existencia de un capitalismo dependiente y atrasado dentro del sistema económico global.

En el plano económico se han desarrollado economías extractivistas y dependientes de las potencias capitalistas. La región se ha consolidado como proveedora de materias primas (litio, cobre, soja, petróleo, etc.) para las metrópolis imperialistas. Generándose un intercambio desigual, donde la región exporta valor con poco trabajo agregado e importa productos manufacturados caros.

El endeudamiento crónico funciona como un mecanismo de control neocolonial. Donde el pago de intereses al capital financiero internacional (FMI, Banco Mundial) desangra las arcas públicas; obligando a los Estados a aplicar planes de austeridad y recortes sociales.

Gracias a estos planes económicos, las corporaciones transnacionales saquean los recursos naturales, destruyendo ecosistemas locales; para finalmente retirar las multimillonarias ganancias obtenidas.

En el ámbito político hemos observado un fracaso de los denominados proyectos políticos “progresistas” y un ascenso de las fuerzas políticas de ultraderecha. Los gobiernos “progresistas” de la llamada «segunda marea» han demostrado ser incapaces para transformar el capitalismo desde el estado burgués. Al no tocar las relaciones de propiedad ni la estructura de clases, estas supuestas fuerzas de “izquierda” han terminado por administrar el sistema; perdiendo el apoyo popular que en su momento tuvieron.

Ante el descontento popular, las oligarquías locales y el capital transnacional han promovido proyectos populistas de extrema derecha. El avance de estas fuerzas políticas ultraliberales busca desmantelar los derechos sociales para garantizar la tasa de ganancia capitalista. Después del triunfo de Milei el 2023 en Argentina, le han sucedido los triunfos de Rodrigo Paz en Bolivia, de José Antonio Kast en Chile; y recientemente, de Keiko Fujimori en Perú y de Abelardo de la Espriella en Colombia.

Sin dudas, la región enfrenta una nueva etapa de intervención del imperialismo estadounidense, con operaciones directas de bloqueos económicos; sanciones unilaterales e intervenciones militares para desestabilizar cualquier proyecto que amenace su dominio.

Pero en el plano social, la desigualdad y la precarización de la vida se agudizan. El capitalismo latinoamericano ya no es capaz de incorporar a la masa trabajadora en el circuito formal. El crecimiento acelerado de la informalidad laboral crea un enorme «ejército industrial de reserva» que sobrevive sin derechos, seguridad social ni estabilidad. Entre el 45% y 50% de la masa laboral activa se desempeña en la informalidad.

La brutal brecha entre la opulencia de las élites capitalistas y la miseria de las mayorías trabajadoras agrava las tensiones sociales. La distribución del ingreso en la región demuestra cómo una minoría parasitaria absorbe de forma sistemática el valor generado por la clase trabajadora. Aquí los datos son demoledores, el 10% más rico de la población capta el 34.2% del ingreso total de la región; mientras el 10% más pobre apenas accede al 1.7% de la riqueza.

El sistema es incapaz de responder a las necesidades fundamentales de las grandes mayorías. Un total de 162 millones de personas subsisten bajo la línea de pobreza (el 25.5% de la población). Y 62 millones se encuentran en la extrema pobreza.

Todos estos antecedentes constituyen un cóctel explosivo para el futuro de la región. Ya lo hemos visto con las movilizaciones de masas en Argentina y Bolivia, contra las políticas neoliberales de los gobiernos de derecha. La búsqueda de una salida, necesariamente deberá avanzar hacia la construcción de una alternativa revolucionaria de los explotados en América Latina; para acabar de una buena vez con este podrido sistema y sus crisis permanentes.

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